Boris ya tiene marido vigués


Dijo que iba a dar la sorpresa y así ha sido. Boris Izaguirre , ese genio mediático, no sólo ha encontrado en España la fórmula para convertir lo que hace en oro sino también su media naranja, el vigués Rubén , quien desde ayer es su marido.Desde que se aprobó la ley que permite casarse a personas del mismo sexo en España Boris lo viene advirtiendo: «Cualquier día cambio de estado civil y ni os enteráis». Y fue ayer. Sólo cuatro personas, más la jueza y la pareja asistieron a la boda. Pero semejante personaje no pasa desapercibido y cuando salieron de la sala donde se celebró el acto, con flor en el ojal como mandan los cánones, tuvieron su homenaje de recién casados. Como el propio Boris relató ayer, los obreros que reparaban una fuente, la pusieron en funcionamiento para que tuvieran las fotos de parejita de rigor. Y tanta discreción, chocante en el showman de los calzoncillos más vistos de toda España, no se debe a él, sino a su novio, Rubén. Al parecer, el vigués es todo lo opuesto a su pareja, muy tímido y reservado, con lo que puso como condición para casarse -Boris, por lo visto, era el más ilusionado con formalizar su relación- que fuera muy pero que muy íntima. Privada, pero al televisivo Boris no le faltó tiempo para contarlo en cuanto encontró un micrófono.Un lío de pañales y tronos se aproxima a JapónMalos tiempos para ser princesa en el imperio del sol naciente. Menudo lío que se avecina. Ahora que la pobre de la princesa Masako parecía que empezaba a levantar cabeza, la situación que se plantea es para que le de otro arrechucho. Les explico la situación, pero, concentración, no se me pierdan con el lío de parentesco. La cuestión es que ayer se anunció que la princesa Kiko va a ser madre. ¿Y quién es Kiko?, dirán. Pues es la concuñada de Masako, la esposa del otro príncipe, Akisiho, hermano del heredero Naruhito y, por tanto, segundo en la sucesión al trono imperial.El tomate viene porque si ese futuro bebe es niño, será el primer nacimiento de un varón en la familia desde 1965, y hoy por hoy, sería tercero en la línea sucesoria, por delante de Aiko, la niña de cuatro años y única hija de los herederos. Esta noticia ha puesto más que felices a las facciones conservadoras de Parlamento japonés, que -a pesar de que estemos ya en el siglo XXI- ven con malos ojos que se siente en el trono una mujer y que se reforme la constitución para que sea la hija de Naruhito, Aiko, la próxima la emperatriz. A quienes comulgan con aquello de «Piensa mal y acertarás» ya les ronda la cabeza la idea de que Kiko, de 39 años, es un poco mayorcita para estas movidas y, con dos hijas ya criaditas, o es un desliz -que en todas las casas cuecen habas, por muy imperiales y japonesas que sean- o hubo un médico por medio que hizo horas extras para acabar con el problema de la sucesión. Culebrón a la nipona.

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