A jugar


«LA IGLESIA no se siente autorizada por nuestro Señor para conferir el ministerio sacerdotal a las mujeres. Para la Iglesia, la palabra de nuestro Señor es vinculante».Lo dijo Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, en el transcurso de una entrevista televisiva. No pasó nada. ¿Y si jugamos a introducir algunos cambios en la máxima? ¿Pasaría algo?: «La Iglesia no se siente autorizada por nuestro Señor para conferir el ministerio sacerdotal a las personas de raza negra. Para la Iglesia, la palabra de nuestro Señor es vinculante». O: «La Iglesia no se siente autorizada por nuestro Señor para conferir el ministerio sacerdotal a los que midan menos de un metro setenta. Para la Iglesia, la palabra de nuestro Señor es vinculante». O: «La Iglesia no se siente autorizada por nuestro Señor para conferir el ministerio sacerdotal a los rubios. Para la Iglesia, la palabra de nuestro Señor es vinculante». O: «La Iglesia no se siente autorizada por nuestro Señor para conferir el ministerio sacerdotal a los de Ribadavia. Para la Iglesia, la palabra de nuestro Señor es vinculante». O también: «La Iglesia no se siente autorizada por nuestro Señor para conferir el ministerio sacerdotal a los gordos, ni a quienes tengan cálculos renales o a quienes les gusten las filloas, o el chocolate negro o las faldas de volantes. Para la Iglesia, la palabra de nuestro Señor es vinculante». Sólo era un juego.

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