Debe ser la ausencia de tabaco combinada con el frío, pero ya me parece que veo visiones. Aunque estoy segura de que ustedes también están viendo ese desfile de pingüinos por una alfombra verde ante el inusitado interés del grupo de fotógrafos. El mundo al revés. Parece ser que en Tokio, donde ha sido tomada la imagen, valoran un buen esmoquin sobre cualquier otro talento. Cosas del frío, como el de la imagen de abajo, vicepresidente de un colectivo de bañistas invernales en una ciudad danesa. Me gustó el gesto, desafiante, como diciendo que se ha quedado nuevo después de sumergirse en un agua gélida. No lo entiendo. Ya les digo, debe de ser la ausencia de tabaco que me aliena. Ayer les contaba que al príncipe Guillermo de Inglaterra le queda ya muy poquito para ingresar en una academia militar donde la vida le resultará algo más dura. Supongo que no me leyó, pero está claro que pensaba de una forma parecida cuando decidió invitar a su novia Kate Middleton a pasar unos días en los Alpes en tanto no llega la fecha en la que se convertirá en recluta. De paso celebran el cumpleaños de ella, por adelantado, ya que la chica alcanzará las 24 primaveras el lunes, pero ese día su amado príncipe estará (supuestamente) haciendo flexiones sobre el barro y soportando las groserías de un sargento de hierro. Bueno, eso es lo que sale en las películas, aunque a lo mejor, a Guillermo lo tratan con algo más de deferencia. El caso es que, por muy bien que le vayan las cosas, seguro que el heredero del heredero a la Corona británica, recordará con muchas veces y con mucha nostalgia estos (fríos) días en los Alpes con su dulce y añorada Kate. Los vigilantes de la playa (nudista) de Rio de Janeiro Pero bueno, para combatir el frío y el mono , nada mejor que echar a volar la imaginación. Sobre todo si hay un buen estímulo, como el que recoge la agencia Efe sobre una playa nudista en un lugar de Rio de Janeiro llamado Abricó. Es la única que existe en la ciudad y lo mejor es que han contratado a una serie de guardias para garantizar la privacidad en ese paradisíaco lugar. Cansados de mirones, merodeadores o textiles (como los nudistas llaman a quienes no lo son) han conseguido lo que pretendían con un personal de seguridad que únicamente viste sombrero y gafas de sol. Según parece, su función principal es impedir el paso a quienes vayan vestidos y controlar que no haya demasiadas emociones entre el colectivo de hombres. La recomendación de los guardias es no mirar con demasiada intensidad a las mujeres y acudir de forma inmediata al mar si la emoción resulta incontrolable. De momento, todo funciona perfectamente con la excepción de las mareas, que suelen hacer desaparecer las señales que marcan la zona como nudista. El teletipo no aclara si los guardias tienen que acudir también con alguna frecuencia al mar, para que las aguas cariocas templen su profesionalidad, pero debo admitir que, al finalizar esta crónica se me ha quitado un tanto el frío. Incluso las ganas de fumar.