De la oreja al cerebro

Pilar Vegas REDACCIÓN

SOCIEDAD

Con una base común con la acupuntura, la auriculomedicina logra en una sola sesión estimular las zonas del cerebro que ayudan a olvidar el tabaco

22 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Es sabido que las orejas son una de las zonas más sensibles del cuerpo humano. Llenas de terminaciones nerviosas, toda manipulación en ellas tiene repercusiones en algún punto del cuerpo o en algún órgano. Por este mismo motivo, al tener línea directa con el cerebro, actuar en los pabellones auditivos es uno de los mecanismos que se utilizan para el tratamiento del dolor y los síntomas de distintas dolencias, como las náuseas o los dolores de cabeza. La estimulación de las terminaciones nerviosas de los pabellones auditivos es también útil para controlar los síntomas de algunas adicciones, como es el caso del tabaquismo. La técnica consiste en implantar una serie de microagujas en el lóbulo de la oreja, en uno o varios puntos estratégicos que el terapeuta sabe que tienen relación con el control de la ansiedad, con el mecanismo de respiración y las secreción de algunos estimulantes cerebrales. De esa forma, lo que se busca es que el paciente no tenga la tentación de recurrir al tabaco cuando su organismo empiece a echar de menos la carga de nicotina y otros productos que del tabaco pasaban al riego sanguíneo cuando fumaba. Con ello, se facilita al ex fumador superar el período de síndrome de abstinencia, unos síntomas que, según los terapeutas que realizan esta técnica, se logran paliar casi al cien por cien. Aunque el paciente tiene que cumplir una serie requisitos, como no haber fumado varias horas antes de acudir a la terapia, ésta es inocua y no tienen contraindicaciones para la inmensa mayoría de los fumadores. En una sola sesión, de una duración de cincuenta minutos, se implantan las microagujas, aunque actualmente las microagujas tienden a ser sustituidas por la aplicación de láser durante aproximadamente una hora. El láser no daña ni duele al paciente, aunque parezca lo contrario. Tras una única sesión, que cuesta en torno a los cincuenta euros, aseguran los terapeutas que la dependencia física del tabaco desaparece, y tan sólo queda la costumbre adquirida de recurrir al pitillo, pero sin querer realmente fumar.