ENTRE TINIEBLAS

01 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Esto no es serio. Después de centenares de años con unas reglas de juego perfectamente establecidas no se pueden romper así, como si tal cosa. De repente, el limbo, ese lugar donde esperaban el último juicio todos los hombres buenos sin bautizar y todos los niños pequeños que no recibieron bautismo ni tuvieron tiempo de cometer pecados, desaparece. Así, por la cara. Siglos y siglos esperando la salvación y, de buenas a primeras, llega el Vaticano, se cepilla el limbo y todas esas almas atascadas a lo largo de la historia ascienden directamente al cielo como si tal cosa. Por esa regla de tres, cualquier día de estos coge una comisión del Vaticano, se pone a pensar y concluye: «Mmm, hemos estado pensando y el cielo no existe como tal. Las últimas investigaciones teológicas concluyen que se trata de un lugar de reposo pero sin agua caliente ni aire acondicionado. Y, además, sólo se puede estar los años impares, el resto hay que regresar al purgatorio». O igual resulta que lo que se modifica es el infierno, afectado por el cambio climático pierde energía y, además, la falta de vocaciones diabólicas hace imposible que pueda ser correctamente atendido. No, con esas cosas no se juega. La gente se porta bien para ir al cielo y no se porta mal para evitar el infierno. Todo el mundo lo sabe. Así que no se puede jugar con semejante ligereza con esos conceptos que determinan la moral de los seres humanos. Si no, vamos a pensar que se lo han inventado todo.