LA SERIE Sexo en Nueva York transcurre en Manhattan y habla de sexo, pero también de asuntos aparentemente triviales que ocurren aquí, allí, en todas partes. En uno de los capítulos más «sociológicos», Carrie Bradshaw, protagonista y narradora, es obligada a dejar los zapatos en la entrada en casa de unos amigos, como todos los invitados, para no llenarla de microbios que podrían contaminar a los hijos de la pareja anfitriona. Cuando termina la velada, los zapatos de Carrie no aparecen por ninguna parte, y sus zapatos no son de Calzados El Guerrillero, son Manolos, que cuestan una pasta. La dueña de la casa no sólo no se responsabiliza de la pérdida, sino que culpabiliza a Carrie por usar zapatos tan caros. Carrie, que es soltera, empieza a echar cuentas: los miles de dólares que se ha dejado en los acontecimientos y celebraciones familiares de su/s amigas/os: bodas, nacimientos, bautizos y demás ceremonias. Y se rebela enviándole la lista de regalos que acaba de inventar: los de la no boda , el enlace consigo misma para resarcirse de la injusticia. Para la colega: el importe de los zapatos desaparecidos. Si no estás en el sistema, o te aguantas o te inventas otro. Hay revoluciones que no requieren armas mortíferas, sólo buenas ideas y justicia. Hay mucha gente que monta piso y no se casa. Si entre dos todo es más fácil y más barato, ¿por qué no ayudar a quien tiene más arrojo? ¿Es que no tiene igual derecho a 1/3 de tele por la cara? ¿O qué?