Los cursos de verano

FEDERICO FERNÁNDEZ DE BUJÁN

SOCIEDAD

DESDE HACE dos décadas, los cursos de verano se han convertido en una frondosa realidad universitaria. Su realidad proyecta la actividad académica fuera de los rígidos esquemas de las titulaciones oficiales, más allá del periodo lectivo, en entornos ajenos a las aulas. Los cursos de verano, además, se dirigen a toda la sociedad. La causa que explica esta enriquecedora realidad es el fin cultural que la Universidad está llamada a cumplir. Así, junto a la misión científica, de investigación, y a la labor docente de transmisión de los saberes, la Universidad tiene también una finalidad de propagación de la cultura. Nada ajeno En este sentido se concibe en toda institución universitaria el Vicerrectorado de Extensión universitaria. Se trata de que nada humano sea ajeno a la Universidad. Se pretende que ésta irradie su espíritu de búsqueda incesante y logre una elevación del nivel cultural de la sociedad. El origen de los Cursos de verano en España debe reconducirse a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Se trata de una institución universitaria, dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia, con sede en el noble y bello Palacio de la Magdalena de Santander (Cantabria), otrora residencia veraniega de la Monarquía. Todavía en la actualidad, su oferta sigue destacando por su calidad y variedad. A su imagen, han ido surgiendo otras iniciativas, entre las que, a mi juicio, destacan la de los Cursos de El Escorial de la Universidad Complutense y la plural oferta dispersa por toda la geografía patria de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). En Galicia Las tres Universidades gallegas ofrecen asimismo una interesante oferta felizmente consolidada. ¡Ojalá su específica realidad atienda a lo propio sin dejar de proyectarse fuera de nuestro entorno regional!. Lo contrario sería tanto como negar la universalidad, tan genuina y de esencia en la institución universitaria.