Crónica | Campaña de la Xunta para tatuarse sin riesgo Más de 300 vigueses rellenaron un test de 20 preguntas y entregaron por escrito una autorización para que los voluntarios de Xuventude les decorasen la piel con henna
25 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Son las tres de la madrugada. La música retumba en los pubs del Areal de Vigo. Un vagabundo recorre la plaza de la Estrela, sede de la Xunta, en busca de licor sobrante en las botellas de whisky y ginebra que las pandillas del botellón han arrojado al suelo. Algunos jóvenes, visiblemente ebrios y risueños, van dando tumbos hacia la carpa que las direcciones xerales de Voluntariado y Saúde Pública han habilitado cerca de la rotonda de la Paellera. Una decena de voluntarios, que lucen una camiseta naranja con el lema Tatuate Seguro, informan sobre la forma más higiénica de tatuarse o adornarse con un piercing . Más de 130.000 gallegos, uno de cada cuatro jóvenes, ya han decorado su cuerpo. ¿Qué les motiva? «Fui a tatuarme unos arabescos en el brazo la misma tarde que salí ilesa de un accidente en la autovía. Llovía, perdí el control, el coche dio trompos y casi me estrello contra la medianera. Reaccioné friamente, giré el volante y me salvé. Lo llevo para siempre porque simboliza mi valentía y coraje. Antes de hacerlo, me informé sobre la aguja», relata Mónica, que entra en la carpa. Dentro del recinto, uno se siente un aventurero que acaba la juerga en un garito del puerto del Nyhavn, en Copenhague, o en algún bareto de Cairns, en la barrera de coral australiana. Invariablemente, a la mañana siguiente amanece con una horrible resaca y un dragón o una sirena tatuados en el hombro. Una adolescente, vestida en tonos pastel, se atreve a probar. Pero antes, los voluntarios le invitan a rellenar un test con veinte preguntas, escribir los datos personales y firmar un documento para autorizar por escrito la operación. También entregan un folleto que recomienda perforar la piel con pistola o esterilizado y que las piezas del piercing sean de oro de 14 a 18 kilates o de acero quirúrgico. El cuestionario indaga sobre la preferencia de los diseños del tatuaje, sobre si el usuario está informado de los riesgos de infección o alergia, y si la razón para decorar su cuerpo es estética o simbólica. Tras superar todo el papeleo burocrático y esperar cola, la joven extiende el brazo. Un voluntario se enfunda unos guantes plásticos, elige una zona visible y la riega con agua. Luego, le coloca un adhesivo, presiona y, al poco, arranca el papel. Sobre la piel queda marcado el logotipo de la campaña (dos ojos negros de mujer). Tienen tanto glamur como los adornos que pintan con alheña las bereberes de la plaza de Marraquech. «Te durará uno o dos días, menos que los que se compran por ahí», advierte el encargado. Dicho y hecho. A la mañana siguiente, el agua borra los rastros del adorno. Un capricho más barato que tatuarse de verdad, que cuesta 60 euros. En Vigo, se tatuaron 310 jóvenes en una noche y en Sanxenxo, 186. La gira seguirá por toda Galicia.