Adiós al tocino

J. C. MARTÍNEZ

SOCIEDAD

MEDIO FERRADO

20 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HUBO un tiempo en que estar gordo era símbolo de éxito. Ahora no; junto con los fumadores, los gordos reciben las sospechas de las casas de seguros, la bronca de la autoridad sanitaria y la mirada de desprecio de esta sociedad gimnástica que se ha hecho dominante. Pronto la Dirección General de Tráfico decretará multas para los que estén obesos, ya que está claro que están pensando en comer y eso distrae de la conducción. ¡Ay de los gordos!, diría hoy Julio César; si por encima fuman, ya pueden ir preparándose para no salir del gueto de su casa. La autoridad autonómica se pliega, débil pero también hipócrita, al dictado de esta ideología triunfante en la que parecer sano se va volviendo obligatorio, y empieza una campaña para convencer a los hosteleros de que se olviden de grasas y colesteroles. Bonita forma de acabar con la cultura. ¿Prohibirán también esos cientos de fiestas gastronómicas con las que se animan nuestros pueblos, en las que estos mismos legisladores figuran con sus capas y sus collares de las múltiples órdenes de caballeros y señoras, y además de figurar atacan al plato como el que más? ¿A qué viene sumar otra contradicción entre la tradición y la modernidad mal digerida? Acabaremos comiendo como los japoneses, algas y pescado crudo, y así nos lucirá después la figura: será el fin de esa belleza apabullante, en la que algunas mozas del país alcanzan el ideal, que no deja lugar para la línea recta.