18 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LUZBEL y Belcebú estaban condenados a entenderse. ¿Cómo no surgió antes que los accidentes de tráfico y el tabaco, esas lacras de nuestro tiempo, estaban conectados por el infinito poso de la malignidad? A alguien se le ha ocurrido que fumar al volante distrae, con lo que procede prohibir a los conductores que, también en el interior de los coches, -ese habitáculo de intimidades muchas veces inconfesables- enceder un cigarrillo sea objeto de sanción. Puestos a prohibir maniobras de distracción mientras se conduce, ahí va una lista de propuestas: -Prohibido poner la radio. Sobre todo algunos programas, especializados en jalear conciencias y calentar los ánimos. Si el conductor es del PSOE y, por poner un ejemplo, se le cuela en el dial Jiménez Losantos, lo más probable es que desarrolle un instinto asesino fatal para la distancia de seguridad. -Prohibido transportar niños en el asiento de atrás. La distracción está asegurada si la criatura se pone rosmona. -Prohibido, por supuesto, discutir con la pareja. Pero también retozar verbalmente con ella. Ya no digamos si la conexión traspasa el umbral de lo físico. -Prohibido perderse si transita por una vía poco conocida. Ha de salir de casa con el mapa de carreteras instalado en el ADN. -Prohibido regodearse con el maciz@ que se contonea por la acera. -Y prohibido estar preocupado o excesivamente ilusionado. En ambos tendrá la cabeza en otro sitio.