Gran Bretaña. El príncipe Harry se disfraza de nazi para acudir a un sarao nocturno. Italia. Los dos pretendientes a una imposible corona, Víctor Manuel y Amadeo de Saboya, se lían a puñetazos durante una cena ofrecida en la Zarzuela por los Reyes de España. Mónaco. Ernesto de Hannover, esposo de la princesa de Carolina, desahoga sus funciones mingitorias contra el pabellón turco de la exposición universal de Hannover. Horas antes había insultado a un empleado de seguridad del aeropuerto y lo había despedido con el saludo nazi. Suecia. La princesa Magdalena, apodada por sus compatriotas Dancing Queen por su afición a las discotecas, se pasea con un noviete condenado tres veces por embriaguez, posesión de drogas y conducta violenta. La neumática royal y su hermano Carlos Felipe acostumbran a ponerse ciegos de champán francés y vodka en los bares más refinados de Estocolmo sin pagar un duro, extremo que prohíbe taxativamente la legislación sueca. Dinamarca. La princesa Alexandra planta al fin a su marido, el príncipe Joaquín. Queda comprobado el compulsivo interés del hijo de la reina Margarita por toquetear a muchachitas de 16 años, previamente macerado en alcohol. Hay fotos. Holanda. El príncipe Bernardo espera a morir para confesar, en plan póstumo, que concibió dos hijas ilegítimas que por ahí andan. Las monarquías cuestan un ojo pero, ¿y lo que animan?