Daño colateral

SOCIEDAD

YA PASÓ. O casi. Quedan sólo los Reyes Magos por venir para clausurar la fiesta. Tranquilidad, que hasta dentro de doce meses no hace falta tanto derroche de disimulo. Ya se puede quitar la máscara de bondad, generosidad y felicidad, y volver a la rutina. Es día 4 y quizá se había prometido no volver a fumar, pero fuma igual, o más. Puede que lo que había pensado era comer menos trapalladas y más frutas y verduras, pero unas patatitas con pringue y una caña tiran más que una lechuga con vinagre. Ya puede reformular su intención de soportar con humor las reuniones con la familia política, o plantearse volver al teléfono y dejarse de pamplinas de sms's en serie para cumplir con el ritual apretando un botón. A lo mejor, si aún está vivo, todavía está a tiempo de pisarle menos al acelerador, o de dejar de machacar psíquica o físicamente a su pareja. Pero para empezar el año sintiéndose mejor consigo mismo, hay un montón de planes que se pueden hacer: apuntarse a un gimnasio, colaborar con una oenegé, ahorrar, no volver a ver Gran Hermano , ni Crónicas , leer más, gritar menos¿O si no se ve capaz, haga algo por los demás e intente combatir la halitosis, la caspa o el olor a sudor, que también se agradece. Lo que es seguro es que aún está a tiempo de no entregar algunos de los regalos que ha comprado por compromiso sin pensar en los daños colaterales que causará en el receptor a pesar de la forzada sonrisa que le devolverá tras desenvolver el paquete.