El Gobierno expropiará las tierras de Palomares afectadas por la radiación

Raúl Romar García
R. Romar REDACCIÓN

SOCIEDAD

Quiere evitar que la actividad urbanística o agrícola reavive la contaminación del suelo El subsuelo mantiene niveles de plutonio más altos de lo esperado 38 años después del accidente

17 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

BOMBA EN EL MAR. La cuarta bomba, que cayó en paracaídas, fue localizada en el mar por un submarino dos meses después del siniestro. DOS SIN PARACAÍDAS. Dos bombas cayeron a tierra sin paracaídas y explotaron los detonadores, con lo que se liberó plutonio y uranio. ?l fantasma radiactivo de Palomares sigue activo después de que el 17 de enero de 1966 un B-52 norteamericano colisionara con un avión cisterna soltando cuatro bombas nucleares, dos de las cuales liberaron su carga. Treinta y ocho años después, el Consejo de Ministros ha decidido la expropiación urgente de 67.500 metros cuadrados de las fincas de la zona que todavía mantienen residuos radiactivos. Informes recientes elaborados por el Centro de Investigaciones Energéticas y Medioambientales y por el Consejo de Seguridad Nuclear detectaron en el subsuelo más uranio del esperado y valores radiactivos veinte veces superiores de lo que se consideran aceptables para un suelo en el que vive gente. Vigilancia La contaminación, sin embargo, no reviste ningún peligro para la salud humana, aunque los técnicos temen que si se producen movimientos de tierra se pueda acabar dispersando la radiación. Este temor se fundamenta en el proceso de reactivación de las actividades agrícolas y urbanísticas que la localidad andaluza ha experimentado en los últimos años, usos que pueden llevar aparejado movimientos en el terreno. Esta situación es la que ha llevado al Gobierno a aprobar un Plan de Investigación Energética y Medioambiental para supervisar, con continuas mediciones radiológicas, que el reaprovechamiento del suelo no suponga un peligro para la población. También es lo que ha motivado la decisión de la Administración de expropiar las tierras con el fin de proceder a su descontaminación. Estas parcelas, una vez recuperadas, posiblemente dentro de dos años, podrían devolverse a sus propietarios en el futuro. El director del Ciemat, Juan Antonio Rubio, destacó que con la expropiación no se trata de resolver un problema que «no existe», sino de «prevenirlo».