MEDIO FERRADO
28 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ACABAMOS de pasar el día del año dedicado a combatir la violencia contra la mujer. El acto más vistoso, la colcha gigante de retales que alfombra la plaza del Obradoiro. En Coruña, y no sé si en otros sitios, a algunas asistentes a las manifestaciones les regalaban un paraguas. Muy propio para la ocasión. Cuántas veces el paraguas ha igualado las fuerzas desiguales de la perseguida con las del perseguidor desvergonzado, incluso sin obligarla a pasar de la disuasión: « ¡Vas levar un parajuaso...! ». Cuántos paraguazos bien dirigidos al cráneo han enderezado cables cruzados y rectificado torvas intenciones. Habría que ver si en este aspecto las mujeres gallegas no deben agradecer a la humedad del clima alguna ventaja frente a las mujeres de países secos. Tampoco el bolso ha sido un mal instrumento de equilibrio de fuerzas, y pensamos en el bolso-ariete que abre paso en el autobús, por no ir al extremo del bolso cargado con un ladrillo que según la leyenda blande la madre de una conocida artista . Pero esto ya parece una escalada de armamentos: lo de la guerra de los sexos no hay que tomárselo al pie de la letra. Estas armas pueden estar bien en el día de la no violencia contra la mujer, pero no sirven si a lo que vamos es a la no violencia en general. Porque, también, cuántos paraguazos distribuidos con exceso, como en guerra preventiva, han desanimado a un pretendiente torpe que con el paso de los años (y con otra mujer) se ha revelado como novio atento e incluso como excelente padre de familia.