Melbourne, el otro Ascot

La Voz

SOCIEDAD

WILLIAM WEST

Hechos y figuras

02 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

No sólo Estados Unidos tiene una tradición importante el primer martes de noviembre. También en Australia el país se paralizó un día como ayer, aunque por un motivo bastante más social y lúdico que las elecciones. Se trata de la Copa Melbourne, una serie de carreras de caballos que tiene más de 130.000 apostantes y en la que se reparten más de tres millones de euros en premios. Las pasiones que levanta son tales que en Melbourne (la segunda ciudad australiana por población) es festivo. Esta urbe, capital de la región de Victoria (frente a la Tasmania de Mary Donaldson ) es la más europea de las villas del país. Casas victorianas (como es lógico) enmarcan antiguas tradiciones y en este ambiente nada más british que una tarde en las carreras. Eso sí, como ayer les tocó tormenta, los aficionados que acudieron al hipódromo de Flemington no se cortaron un pelo y se taparon con todo lo que encontraron para protegerse del agua, adoptando posturas y gestos no demasiado delicados, aunque yo les traigo una de las imágenes más glamurosas. Orgullo patrio Los chinos celebraron ayer una parada militar en Pekín en la que participaron ciudadanos que forman algo así como las milicias urbanas. Se suponía que la cita tenía como objetivo recordar la grandeza del ejército patrio y todas esas cosas fantásticas que los Estados ponen en marcha para gloria y orgullo de ellos mismos. En fin, que parece que la idea no cuajó mucho, al menos teniendo en cuenta la cara de alguno de los participantes que, la verdad, cada vez que la veo me da sueño. Es que ser soldado debe ser muy duro. Rainiero, en palacio El príncipe Rainiero de Mónaco recibió ayer el alta, tras una semana hospitalizado por una infección broncopulmonar, informó su gabinete. El monarca de ese reino estilo monopoly ingresó en la clínica hace exactamente una semana por recomendación de su médico personal, el doctor Jean-Joseph Pastor. No es la primera vez que Rainiero pasa unos días bajo estricto control médico. A sus ochenta años (no son tantos) ha estado hospitalizado en tres ocasiones desde diciembre pasado a febrero de este año. Corazón y pulmones son, dicen los especialistas, sus puntos débiles. No es tan extraño que tenga achaques, porque entre la laxitud de Alberto , el heredero, para dar un ídem; los problemas que genera Ernesto de Hannover, el marido de su hija Carolina ; y los pequeños reveses amatorios de Estefanía , es normal que no levante cabeza. Por cierto, Rainiero ha conocido siete presidentes franceses y cinco papas.