SEÑOR presidente de los Estados Unidos. Dice la gente que es usted el hombre más poderoso del mundo. Por aquello de que levanta un teléfono rojo y se arma la marimorena en este pedazo de agua y roca. Usted no me gusta, le confieso. Tampoco los que le precedieron en la Casa Blanca me agradaron en demasía, eso es verdad. No me gusta la prepotencia, la incultura, el racismo y la falta de sensibilidad de una nación, la suya, que se dice rica y tiene más de 40 millones de personas en la indigencia. Me indigno cuando oigo mentar las palabras libertad y democracia a quienes siguen defendiendo la pena de muerte, aún creen que Darwin es un hereje o no dejan votar a una persona que haya dado una sola vez con sus huesos en la cárcel. Aunque ya haya saldado su cuenta pendiente con la sociedad. Pero con usted es aún peor. Mi falta de afecto hacia ustedes se ha transformado en arcada profunda. Ahora ya no son capaces ni de celebrar elecciones libres sin que huela a chamusquina por cada esquina. Creo profundamente que usted hizo trampas y que su elección fue un fraude. ¿Es esa la democracia que dicen quieren exportar? Pericles debe estar revolviéndose en su tumba. Su país ya no está preparado para liderar al mundo. Aún tiene poder. El que dan los fusiles. Pero ha perdido la autoridad. La que otorgan la moral y la verdad. Señor George W. Bush, su mirada lo dice todo. Espero que pierda las elecciones. Por el bien de todos. Incluso de usted.