Toros en China

JUAN C. MARTÍNEZ

SOCIEDAD

MEDIO FERRADO

24 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

POR PRIMERA vez se ha celebrado en China una corrida de toros. En Shanghai quedaron tan entusiasmados con el asunto que probablemente instauren allí la primera feria taurina del enorme país. Decía ante el micrófono un castizo de ojos rasgados que si en el extranjero se divertían con esa fiesta, por qué no iban a hacerlo ellos. Es un gran argumento. Así fue como nosotros, por ejemplo, nos atrevimos a probar el caviar, los brotes de soja o el sushi, sustancias todas de dudoso atractivo gastronómico si no fuera por ese civilizador instinto de imitación. En este estreno del arte de Cúchares en la tierra de los mandarines, los toros han salvado la vida, o al menos no han muerto en la plaza; en lugar de darles estoque, se remató cada faena con una banderilla blanca, como quien pide paz. Se trataba de no herir la sensibilidad de los espectadores. Las sensibilidades van por barrios y son muy discutibles, pero en principio no está mal para un país en el que la ejecución de la pena de muerte contra bandidos, narcos y otros reos mediante tiro en la nuca era hasta hace poco un espectáculo de masas. Todos vamos progresando en la medida de nuestras posibilidades, desechando viejos modos e incorporando exotismos que pronto dejan de serlo. En un par de años, todos los chinos sabrán decir ¡olé! Y en tres o cuatro, estarán colgaditos con la telebasura. La civilización, ya se sabe, es un proceso imparable.