ME TIENES harto, macho. Tú y tu cerebro de mosquito. Cada día lo mismo. Te da un mal rollo, unas copas y allá vas, con la mano abierta, con los puños, con el cuchillo. Depende de lo pasado que estés. Vuelves a hacerlo porque te sientes pequeño, inferior, ridículo y te sale la vena subnormal. Y allá vas. Cada vez que la golpeas me criminalizas a mí, me pones en los telediarios a tu altura de cretino sin recursos, de eyaculador precoz, de ignorante que sólo es capaz de gestionar el terror. No puedes hacerlo sin perjudicar a quienes no lo hacemos, a los que no nos gusta pegar, que somos casi todos. Casi todos menos tú y los cuatro descerebrados que te jalean cuando te tomas los pelotazos en la barra del putiferio y te envalentonas y piensas que, como se pase medio gramo, le vuelves a meter. Eres tan imbécil que estás construyendo tu basura de mundo alrededor de esa mirada que perfeccionas para que ella se paralice en cuanto la sienta cerca, muy consciente de la amenaza. Te desprecio porque, cada vez que la miras así me traspasas tu condición de criminal; porque nos has puesto a todos al mismo nivel, porque por culpa de tu vida miserable todos estamos bajo sospecha. Si te crees tan fuerte, vete. Hazte las maletas y lárgate a otro sitio, a ver si te aclaras o si te lías a golpes con la soledad que te mereces. Ojalá te metieran en la cárcel de una vez y nos dejaras tranquilos a tu mujer y a mí. jorge.casanova@lavoz.es