Ruleta rusa

SOCIEDAD

EN GALICIA, con frecuencia, tenemos la sensación de que nos quedamos solos cuando exigimos que se prohiba la circulación de buques basura, que se endurezcan las penas para quienes contaminan los mares. La pertinaz frecuencia con la que padecemos los efectos de las mareas negras nos ha colocado en la vanguardia de damnificados. Pero no somos los únicos, y tal vez la globalización del mal nos venga bien, visto el caso que se nos ha hecho: dos años después de la catástrofe del Prestige seguimos igual de desprotegidos. Un barco se acaba de hundir en Turquía cargado con residuos altamente contaminantes procedentes de centrales térmicas españolas. El buque llevaba cuatro años fondeado porque nadie quería hacerse cargo del veneno que tiene dentro. Había sido denunciado y sancionado en varias ocasiones porque no estaba en condiciones para navegar. Como el Prestige, sufrió averías en el caso y presentaba carencias de seguridad. Aún así, como el Prestige, fue autorizado a transportar mercancías muy peligrosas para la salud. Nos hemos preocupado, con miles de toneladas de razones, de los petroleros, pero ¿cuántos barcos zarpan de Galicia con residuos de las centrales eléctricas? ¿Cuántos navegan por delante de nuestra costa con desechos nucleares? ¿Cuántos con materiales cuyo peligro descubrimos cuando ya es tarde? Seguimos jugando a la ruleta rusa.