LA CREMITA | O |
26 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.TANTOS AÑOS después todavía me funciona el reflejo condicionado adquirido cuando era un niño. Recuerdo perfectamente mi feliz sensación de vivir en agosto, disfrutando de cualquier cosa y, de repente, casi a traición, un anuncio de unos grandes almacenes avisando con enorme alegría de la vuelta al cole. No sé a quién podría alegrar semejante cosa, pero a mí me ponía de los nervios. Tantos años después, los folletos que los desaprensivos depositan en mi buzón avisando de que vaya preparando la cartera -y no sólo la de los libros, sino más bien la de las tarjetas de crédito-, porque septiembre está al caer, me provocan una profunda tristeza. Supongo que los comerciantes se frotan las manos, pero yo es que no puedo con ese entusiasmo infantil de los anuncios, que es más falso que Judas Ya no tengo exámenes que superar, ni romances a los que despedir, pero en todos estos años no he logrado desprenderme de ese vacío en el estómago ante los malditos anuncios del retorno escolar.