Manguerazos contra el sueño y la resaca

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

SOCIEDAD

FOTOS: MARTINA MISER

Vilagarcía riega la celebración del patrón con diez millones de litros de agua tras una noche sin final Vecinos madrugadores y chavalada insomne comparten la juerga más húmeda del verano

16 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El perro de San Roque no tiene rabo, porque Ramón Ramírez se lo ha bebido con ginebra para después ahogarse en la Festa da Auga. Vilagarcía bebe y vive en agosto con el ojo puesto en la juerga más húmeda del verano galaico. El único lugar del mundo donde los manguerazos curan la resaca y el sopor sin disolver a nadie ni a nada. Como mucho, a la pachorra de los más cafeteros, que ayer amanecieron con un vaso de plástico en las manos y la mirada perdida en los muchos charcos de lluvia, esperando la beatífica ducha que cada 16 de agosto riega al personal en la inimitable capital de Arousa. Este asunto no es ninguna broma. Diez millones de litros, diez, surtidos por los camiones de bomberos y Protección Civil de la redonda. Presión constante durante más de tres horas, después de hacer bailar al sufrido santo en una procesión condenada a acabar en naufragio. Mi madre asegura que el exceso de agua cría ranas en la barriga. El contenido de los estómagos de la mayoría de los festejantes fulminaría al batracio más resistente. Vilagarcía se ducha por dentro y por fuera en sus fiestas. Lo hace a conciencia, desde que hace casi dos décadas un puñado de chavales se quitaron la empanada de encima pidiendo a los vecinos que los duchasen a base de líquido elemento. El vino no, el otro. La conexión vallecana A estas alturas, los concejales lucen camiseta y pañuelo reglamentarios, se hermanan con Vallecas, donde el personal se lo monta parecido, y hablan maravillas del H2O. Pero lo verdaderamente importante está ahí fuera. Miles de almas reclamando agua a voces, pese al chaparrón que cayó de noche, aunque alguno no la haya probado desde que hizo la primera comunión. Fiesta popular, espontánea y callejera. La celebran los paisanos y los de fuera. Txema, Maria y Laura, vascos; Pablo, Ana y Noelia, andaluces. Confederación ibérica hídrica, por la cara y por un tubo, o una manguera, para ser precisos. Es su primera vez. Seguro que repiten. En Cambados, a un paso, riegan agosto con albariño. En Vilagarcía, bueno, bonito, barato. Sale por el grifo y no necesita mayor depuración. Si acaso, convencer a Pemán o al tipo del tiempo que tenga mando en plaza. El sol y la canícula son aliados naturales de la Festa da Auga. La lluvia, el viento y la nube son, en cambio, sus más fieros depredadores. Ayer llovió. Mucho. El orballo cayó incesante durante la noche. El amanecer firmó una tregua, pero el temor se había instalado ya en algunos de los potenciales farreiros . Por ello, se vieron lagunas entre la marea humana que cada año toma las calles. No demasiadas. Lo suficiente para no tener que meter codo a cada momento. Pero lagunas, al fin y al cabo. Para lo bueno y para lo malo, todas las referencias remiten al agua. Aquí la gente no es de secano, es de regadío. El desparrame comienza sobre las doce, a mediodía. Veinte minutos más tarde, la petición de agua es un clamor. No se acalla hasta las tres o las tres y media. En la Baldosa, la calle de los vinos, los últimos de Filipinas dan matarile a la cosecha de birra y tinto. Siempre bajo sospecha, siempre bajo el riesgo de que un chaval, o un vecino, de esos madrugadores, de los que están al tanto chova, vente ou faga sol, remate la faena y te ponga pingando.