Pontevedra de arena y barra

Serxio González Souto
Serxio González PONTEVEDRA

SOCIEDAD

XOÁN CARLOS GIL

Crónica | Fiesta dentro y fuera de la plaza El coso de San Roque garantiza juerga y llenazo pese al mayor o menor arte de los diestros. Ayer, A Peregrina se estrenó con fortuna y buen rollo en ambos sentidos

06 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?na faria, un paquete de Facundo, las pipas para ir a los toros -ya saben, «y dijo el toro al morir, siento dejar este mundo sin probar pipas Facundo»- una bota de vino, la camiseta de una peña y muchas ganas de juerga. Si todos estos factores están en su sitio, lo más probable, señoras y caballeros, es que hayan asistido ustedes ayer, o esta tarde, o tal vez mañana, a la feria taurina de A Peregrina, en Pontevedra, la de mayor solera de Galicia. Seguramente los catedráticos de Tauromaquia no abunden en el tendido de San Roque, pero una opinión sincera y femenina desvela el secreto de unas corridas que no fallan: «Mira, a mí esto me parece una carnicería, pero me lo paso muy bien, por el ambiente, por todo». Pues sí. Poco importa si el tema taurino es una mera excusa para mazarse a modo o si el amor por los capotazos lo lleva uno en la sangre. Lo que hay en Pontevedra es fame de farra. Si los diestros están por la labor, bien. Si se ponen pesados y los morlacos no tiran, peor para ellos. El primero en comprobarlo fue el presidente del Celta, Horacio Gómez. Su presencia brindó al tendido la oportunidad de acordarse de Vigo y sus hijos más ilustres. «Este año, el Celta en Pasarón», bramó el respetable mientras el bueno de Horacio se refugiaba tras su almohadilla. Por cierto, que algunas de las que por allí se vieron delatan sin fallo la larga tradición de la fiesta: «Familia que ahorra, familia feliz. Deposita tus economías en la Caja de Ahorros Provincial», aconseja el texto de una de ellas, sin duda gestada al tiempo que ciertos bordados de la Sección Femenina. Florentinos y el glamur El hombre del Celta no estaba solo en la grada. En San Roque se dejaron ver el diseñador Florentino, al que los coleguillas que viste en Sanxenxo han dedicado su propia peña: Los Florentinos. La portavoz municipal del PP, Teresa Pedrosa, lucía la camiseta de su cuadrilla, Las Verónicas. El grupo más antiguo, 25 tacos, que responde a la reveladora etiqueta de Gin-Kas, cuenta entre sus filas con el hermano de Rajoy. Pero a Don Mariano no se le espera hasta el domingo, y eso si viene. Tampoco María Teresa Campos pudo acudir a la cita. Sí lo hicieron Enrique Múgica y una larga comitiva de politicos del bando pepero, con Ana Pastor a la cabeza. Volviendo a lo serio, el fiestón había comenzado horas antes. Pero eclosionó pasadas las siete, con el primer toro de la tarde, un bicho de media tonelada y nombre Marchoso que entró trotando en la arena, bufando y con las fosas nasales más abiertas que el Bisbal en un baño turco. Uno tras otro, los seis astados pasaron por la piedra de los picadores, un par de tipos a caballo que ejercieron de auténticos terminators . Toro que se arrimaba, toro que dejaban temblando. Opinión que no compartía una señora de edad desde el tendido preferente. «Iso é unha terneira de cuarenta quilos, hanlle quitar leite», despotricaba la veterana aficionada. Ciertamente, Marchoso acabó sus días de forma penosa, tristemente asaetado por un crepuscular Manzanares, que erró la estocada hasta en tres ocasiones y anduvo todo el día manso y dormilón. Triunfa el niño Jiménez Todo lo contrario que César Rincón, el viejo zorro colombiano, que supo meterse al personal en el bolsillo con ganas y asumiendo ciertos riesgos. Para él fue una oreja. Ahora que, puestos a valorar el desparpajo, quien se doctoró ayer fue César Jiménez, un chaval de veinte primaveras, que dio pasaporte a dos morlacos con más chulería que el Lute cuando era el Lute, el Vaquilla y el Torete haciendo juntos la mili en Melilla. El niño cortó dos orejas, y no se llevó la tercera a casa por la terquedad del presidente, abroncado hasta echar humo. Y así llegó el último cambio de tercio, el mejor, ahora de cerveza y en el bar. La banderilla, de aceitunas y anchoa. Hoy más. Mañana, también.