? Gilberto Gil no le pesan los años, ni los kilos que no tiene, ni tampoco parece que le ate el ser ministro de Cultura de un país que podría ser un continente. Confía en el internacionalismo aunque el internacionalismo no confíe mucho en él. El concierto compostelano tuvo los alicientes del tropicalismo: empezó suave y se fue haciendo al ritmo de la noche. La suavidad comenzó con las versiones y con el deslumbramiento que tanto a Veloso como a Gil le causaron las armonías de los Beatles y, particularmente, Strawberry fields forever . Luego llegó un tiempo ligero para los himnos, entre ellos el Imagine de Lennon, reproduciendo en muchos sentidos el proceder de la carrera musical de Gil: la fusión de la bossa nova con el pop y la evolución posterior hacia el afroamericanismo. También Bob Marley tuvo sus versiones en el particular fervor que el ministro de Cultura de Brasil siente por su música y su reivindicación. Con Toda meninha bahiana comenzó la despedida que, desde abajo, fue bastante más movida que el comienzo, estuvo más animada y explicó mejor por qué Gil representa la modernidad de la música brasileña. Estuvo hablador el señor ministro, recordando innecesariamente con palabras todas esas cosas sobre el mestizaje y la mística que la música explica tan bien. .