«Tireless»

SOCIEDAD

COSAS QUE PASAN

09 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE muchos muchos años, cuando la efervescencia democrática se expresaba a través de declaraciones a favor o en contra de lo que fuera, muchos concellos gallegos se autoproclamaron territorio no nuclear. Con la inocencia de entonces se ponían todas las energías contra el envenenamiento de la fosa atlántica, aquel lugar en algún punto del océano frente a Galicia donde se hundían los bidones cargados con residuos radiactivos. Eran también los tiempos en los que hacían fortuna los lemas contra la energía atómica, y cuando España decretó la moratoria nuclear. Pero aquellas señales que advertían que uno entraba en un municipio desnuclearizado, apenas unos kilómetros cuadrados, no tardaron en convertirse en la expresión de la ingenuidad en la que vivimos los primeros ochenta. El desastre de Chernobil se encargó de sumergirnos en el realismo más sucio. La nube tóxica que salió de aquel sarcófago no se paró en fronteras locales, ni nacionales, ni continentales. Pero pasó el tiempo y ya hemos vuelto al debate. Consumimos energía desaforadamente, ensuciamos el planeta con nuestra voracidad y, por si fuera poco, estamos al borde del apagón. Cómo no optar entonces por las centrales atómicas, nos dicen. Al margen de disputas diplomáticas, la presencia en Gibraltar del submarino nuclear Tireless (que una vez ya tuvo una avería en su reactor) también viene a recordarnos que los mares y los vientos no tienen patria. Tal vez sea el momento de volver a la candidez de antaño. Porque, seamos realistas: puede haber alternativa.