DIEZ AÑOS es mucho tiempo. En una década, con un poco de suerte puedes ver tres mundiales y dos eurocopas, un cambio de Gobierno en Estados Unidos; te da tiempo a formar una familia, incluso más de una; asistir al nacimiento de varias tendencias musicales; vivir al menos el cambio de un ciclo económico; puedes estrenar un coche o dos; te da tiempo a reunir docenas de recuerdos imborrables; a enamorarte al menos una vez y, según afrontes el tema, a alegrarte de estar vivo en miles de ocasiones. Está indiscutiblemente probado que fumar una media de 18 cigarrillos diarios desde los 18 años resta diez años de vida. Si te mueres a los 70, es que te tenías que haber muerto a los 80. Te vas antes, con toneladas de humo en los pulmones y con un recorte de una década en la entrada que te dieron al venir a este valle de lágrimas. Así que hay que pensárselo bien antes de seguir encendiendo cigarrillos. Diez años es mucho tiempo. Más si se trata de los que van de los 70 a los 80. El suficiente para ver cómo España fracasa en tres mundiales y dos eurocopas; para comprobar cómo por mucho que cambien los gobiernos mandan los mismos; para constatar cómo tu familia te olvida; cómo te dejan de interesar las cosas; cómo los ciclos económicos siempre van contra el mismo objetivo, que eres tú; cómo tu pensión no permite casi nada. Podrás asistir a un par de guerras con presencia de Occidente y cobertura en prime-time y comprobarás la traición de tu memoria cuando te hurte los momentos que tan celosamente habías guardado.?En fin, sólo es una broma. Yo también quisiera dejar de fumar.