El aparato se pondrá a la venta en Galicia el 1 de junio con una campaña que irá dirigida a los hombres de alto nivel adquisitivo; en Alemania tuvo una buena acogida
29 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Habituados ya a los lavavajillas, los aspiradores automáticos y a las lavadoras con secadora, las tareas del hogar más engorrosas se vinculan ahora inevitablemente a la limpieza del cuarto de baño y el planchado de la ropa. A falta de inventar el estropajo automático, la división de domótica de la multinacional Siemens ha presentado un nuevo aparato en Galicia que, si bien no sustituye por completo a la plancha, sí evita el calvario de enfrentarse a una montaña de prendas arrugadas en la que asoman media docena de camisas. El electrodoméstico está compuesto por una caja que ocupa un espacio similar al de un deshumidificador, sobre el que va montada una estructura que sujeta la camisa o la chaqueta y que se infla a modo de espantapájaros con un globo de aire caliente. Tras ajustar la prenda y apretar un botón para torpes, en siete minutos estará seca, tiesa, y sin raya alguna, algo que sólo consiguen los virtuosos de la plancha. Todo perfecto. Pero, ¿compensa o no tener este artilugio en casa? La firma alemana ha preparado un anuncio televisivo en el que el protagonista es un rubio triunfador que vive en un pijísimo loft de Hamburgo que se ducha, lee un periódico económico y toma el primer café de la mañana mientras el Dressman (hombre-vestido), que así se llama el invento, hace el trabajo sucio. El teutón parece feliz, aunque mucho más lo estarían su mujer o su madre, que no aparecen en escena. Ya es una pista. En Alemania, según sus distribuidores en Galicia, ha tenido una buena acogida, aunque son conscientes de que sólo triunfará en los hogares que puedan gastarse alegremente 1.300 euros (precio de venta al público) por ganar unos cuantos minutos de ocio que, en realidad, deberían dedicarse a ir reduciendo con la plancha el citado montón de ropa, porque con las sábanas, los pantalones y las camisetas, de momento, no cuela. Los comerciales de electrodomésticos podrán utilizar argumentos atractivos para los potenciales compradores, como que consume menos que el artilugio manual, o que al año de uso ya es más rentable que llevar a la lavandería las cinco camisas que se utilizan habitualmente en una semana laboral. Otra ventaja seductora: no deja brillos y la tela sufre mucho menos. Pero el robot tendrá competencia. Así como el telefonillo acabó con los porteros, no parece que el sector de la asistencia doméstica vaya a entrar en crisis. Y ya puestos a pagar...