07 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LO QUE el ser humano está haciendo en Marte es localizar los rayos C que el replicante Nexus veía cerca de la puerta de Tanhausser. Pero nos lo desayunamos entre la subida del IPC y el último desaire de Aznar y así no hay manera de reconocer la poesía. Las noticias, como la comida, buscan cada vez más los sabores adictivos que satisfacen el gusto inmediato y nos dejan las neuronas dispuestas a engullir una nueva porción de asimilación ultra rápida. Una se sienta ante el televisor y comprende en un minutito lo que pasa en Ambiciones. Pura realidad. Pero ¿cómo se entiende que una nave digna de Buzz Lightyear recorra cuatrocientos millones de kilómetros y acabe aterrizando en Marte, y mandando imágenes que tardan cinco horas en llegar a la Tierra desde que se disparan, y que a lo mejor consigue confirmar que hace tanto como dos millones de años, allí, afuera, había agua y hasta puede que vida? Una, que considera el vuelo de un avión una cuestión filosófica de resolución metafísicamente imposible, alucina con el hecho de que un robot fabricado en Alabama se esté paseando ahora mismo por un planeta suspendido alrededor del Sol. Como tiendo a la incredulidad como Santo Tomás, comprendo a la perfección el éxito de esas teorías que sostienen que la llegada de Armstrong a la Luna fue un trabajo impecable de los figurantes de Hollywood. Y que a punto estuvieron de chocarse contra el cielo de cartón piedra como Truman. El del show digo. Si mañana se confirma en Marte que allí palpitó algo más que el viento, lo degulliremos en el bloque de noticias de ciencia. Pero por pura incredulidad.