«Otro vendrá, que bueno te hará». Eso es lo que pensaría Michael Jackson si hubiera visto (seguro que lo ha hecho) las imágenes del cazador de cocodrilos Steve Irwin durante un show televisado en Australia. Irwin, que tiene su propio zoológico privado no tuvo mejor idea que incluir a su hijo de un mes en uno de los números del espectáculo. Como ven, agarró al bebé de un brazo y con el otro le dio de comer un pollo muerto al cocodrilo, que estaba bastante espabilado. Luego puso al pobre bebé a gatear hacia el estanque donde se encontraba el bicho. El numerito fue jaleado por buena parte del público que asistió en directo al show . Pero a muchos de quienes lo vieron en directo por televisión no les pareció tan divertido, porque la centralita de la cadena Seven se bloqueó inmediatamente con las llamadas de los telespectadores increpando al, cuando menos, poco responsable cazador de cocodrilos. No crean que sólo recibió llamadas la emisora. Otros espectadores denunciaron el hecho directamente a la policía y al teléfono de protección a los menores. El caso es que se montó semejante follón que Irwin tuvo que dar una rueda de prensa para aclarar el asunto aunque, francamente, tal vez hubiera estado mejor calladito. El argumento del cazacocodrilos es que a los niños hay que enseñarles a conocer a los saurios desde pequeños: «Pienso que debería ser considerado un mal padre si no le enseñara a mis hijos a conocer a los cocodrilos, porque ellos viven aquí, en territoio de cocodrilos». En cualquier caso, Irwin no se libró de un toque de atención por parte del departamento gubernamental de asistencia infantil, para asegurarse de que no repetiría su singular método educativo. La verdad es que a una se le ocurre reflexionar sobre qué estaría pensando la madre de la criatura, visto que el padre tiene una concepción del peligro un tanto singular. Pues la madre estuvo presente en las estrambóticas declaraciones de Irwin, apoyando a su marido en la rueda de prensa posterior. Y allí estaba cuando el hombre explicaba: «Todo se relaciona con la percepción del peligro. Frente a este cocodrilo yo tenía todo bajo control». Pues a lo mejor lo tenía pero, francamente, a la vista de las imágenes, no lo parece. La verdad es que, comparado con el espectáculo de Irwin, lo de Michael Jackson en la ventana del hotel de Berlín, fue todo un ejercicio de prudencia. Es posible que alguno de ustedes, por cualquier razón, no hubiera celebrado adecuadamente la nochevieja y se haya quedado un poco con las ganas. Si es así, que sepan que en una fábrica abandonada de Esplugues de Llobregat (Barcelona) todavía siguen con la fiesta que comenzó a las once de la noche del día 31. Y, por lo visto, esperan mantenerla ininterrumpidamente hasta el día de Reyes. No está mal. Se trata, según los vecinos (que están un poco hartos) de un colectivo de okupas convocados por Internet que siguen llegando de varias partes de Europa a participar de la superfiesta. Y allí se han amontonado coches, caravanas y furgonetas, al mismo tiempo que, de vez en cuando, los hiperactivos miembros del sarao van sacando la basura al exterior. Los alucinados vecinos admiten que los participantes se comportan pacíficamente, aunque, según recoge la agencia Efe, al menos uno de ellos se queja de que «llevan las 24 horas haciendo música». Si les gustan las raves , ya tienen el estímulo perfecto. Eso sí, no olviden vestirse de acuerdo con la estética okupa, que tampoco es cuestión de meterse en una fiesta tan sonada a dar el cante.