La ballena varada se esfumó

SOCIEDAD

El ejemplar, un rorcual aliblanco de cinco metros de largo y dos toneladas de peso, desapareció sin dejar rastro después de ser vista frente a los acantilados del Ortegal

26 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

«En este momento, se encuentra en paradero desconocido». El informe de ayer de la Coordinadora para el Estudio de Mamíferos Marinos (Cetma) era concluyente: los científicos habían perdido cualquier rastro de la ballena muerta que varó hace unos días frente a Estaca de Bares. El día 24, el animal fue identificado (desde la distancia, ya que estaba en una zona inaccesible por tierra) por miembros del Cetma como un rorcual aliblanco, una especie con querencia hacia las costas y que se deja ver con cierta frecuencia en Galicia, por donde pasa en el transcurso de sus migraciones en busca de alimentos. Ese día, el cuerpo de la ballena permanecía varado frente a la costa del Ortegal, adonde fue arrastrado por las corrientes marinas después de vagar a la deriva más de una semana frente a playas y acantilados de O Vicedo y Mañón. Su discurrir próximo a la costa había puesto en alerta a los servicios de vigilancia marítima, dado el peligro que entrañaba para las embarcaciones un posible impacto con un cuerpo sin vida de dos toneladas al albur de las corrientes del mar. Ayer, sin embargo, su cadáver se había esfumado de nuevo. Las mismas aguas que depositaron el rorcual frente a Galicia se lo llevaron otra vez. «Puede que se haya ido mar adentro, o quizá esté varado en alguna cala... Es imposible saberlo», resume Juan Ignacio Díaz, biólogo de la Sociedade Galega de Historia Natural. Los científicos, en cualquier caso, continúan atentos con la esperanza de hallar al cetáceo. En esto, se supone, ayudará el temporal anunciado para los próximos días en Estaca de Bares, ya que podría acercar de nuevo la ballena al litoral. «Por mi experiencia, creo que va a aparecer», afirma Díaz con optimismo. Daños en el esqueleto Claro que ya no será lo mismo, porque las sacudidas del mar y los impactos contra las rocas de los acantilados están deteriorando notablemente el esqueleto del rorcual. El día que fue visto desde tierra ya tenía el cráneo roto. Además, conforme pasan los días aumenta su estado de descomposición, lo que a la postre dificultará aún más su estudio. Los biólogos, de todos modos, fueron capaces de extraer algunas conclusiones de la fugaz observación del animal: se trataba de un joven macho de unos cinco metros de largo y próximo a los dos mil kilos de peso. Más difícil resulta intuir las causas de su muerte, aunque seguramente no son las mismas que las de otro rorcual hallado hace un año en Malpica. Aquél había tragado litros y litros de fuel.