Rainiero, a Riazor

La Voz

SOCIEDAD

20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Si todo va bien, esta tarde, un mito de las revistas del corazón pisará el estadio de Riazor. El mismísimo príncipe Rainiero y su hijo, Alberto , estarán en el palco del estadio municipal para ver el encuentro entre el Deportivo y el Mónaco. Por lo menos así lo esperaban ayer en el estadio coruñés, al que se dirigieron desde la casa real monegasca para solicitar dos asientos en el palco. La verdad es que el príncipe Rainiero no se desplaza mucho por su delicada salud. Pero, al parecer, la buena marcha del Mónaco en la Liga de Campeones ha debido animar al patriarca monegasco a desplazarse con el equipo que representa al principado. Desde luego, los reales aficionados viajarán en un avión privado. Así que hoy habrá mucho que fotografiar en Riazor y no todo estará en el césped. En realidad, nos gustaría ser unos buenos anfitriones y no contrariar a la principesca visita. Pero espero que Rainiero y Alberto entiendan que, en cuestiones de fútbol, protocolos los justos y que nuestro firme deseo es que la realeza de Mónaco se lleve de A Coruña una gran impresión y un carro de goles. La historia que les voy a contar ahora no les va a gustar mucho a los militantes contra el tabaco, pero yo no me la he inventado. Tiene que ver con el anciano de la fotografía que está fumando y que, lamentablemente, se murió el domingo en una aldea perdida de Camboya, cerca de la frontera con Vietnam. Se llamaba Sek Yi y, aunque nadie ha podido probarlo, tenía 122 años cuando expiró. Su longevidad no va a quedar registrada en el libro Guiness porque los documentos del anciano fueron destruidos en la década de los 70, cuando Sek Yi consiguió escapar de los campos de exterminio con los que los temibles jemeres rojos habían aterrorizado al país. El anciano, que era reverenciado por sus compatriotas, había sido cazador de tigres y era un experto en artes marciales. Y conservaba a su esposa, que le ha sobrevivido y que tiene 108 años. El caso es que, hace unos días, cuando le preguntaron por el secreto de su longevidad, el hombre contestó que lo atribuía a la oración y al tabaco que, como ven, seguía consumiendo. Yo no digo que sea un buen ejemplo. A lo mejor es que el hombre, como no usaba esas cajetillas que dan tanto miedo, no se angustiaba con el vicio. ¿Qué opinan de la tercera foto? ¿fuerte, verdad? Es la imagen de una campaña que ha lanzado en Nueva Zelanda una asociación que se llama MadGE y cuyo nombre largo es Madres en contra de la presencia e ingeniería genética en la comida y en el medio ambiente. Y viene a cuento porque el 29 de este mes, el parlamento neozelandés levantará la prohibición para la ingeniería genética en los alimentos. Y, según esta asociación, uno de los proyectos que están en cartera es la creación de un tipo de leche de vaca que contenga genes humanos. Bien, ¿qué les parece ahora más fuerte, la foto o el proyecto de la leche? El caso es que la foto, por descontado, ha generado un fuerte debate en el país y quienes antes han entrado al trapo han sido algunos responsables de las empresas de ingeniería genética. Aseguran que se trata de una foto degradante para las mujeres. Y, sin duda lo es. Pero responden desde MadGE que más degradante es añadir genes humanos a la leche. Por cierto, que la portavoz de la asociación de madres y diseñadora de la campaña es Alannah Currie , ex miembro de aquel grupo de los 80 que se llamaban Thompson Twins , y a la que tal vez recuerden por el desproporcionado flequillo rizado que mostraba casi siempre bajo una gorra. Si quieren saber más, el asunto está en www.madge.net.nz