Palomares sí estaba contaminado

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés REDACCIÓN

SOCIEDAD

Crónica | Las consecuencias de un incidente nuclear Detectan concentraciones de plutonio y americio cinco veces más altas de lo normal en la zona de Almería en la que un B-52 perdió cuatro bombas atómicas en 1966

20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El 10 de marzo de 1966 Manuel Fraga posó para una instantánea antológica. Ataviado con un inmenso Meyba y acompañado del embajador norteamericano, Angier Biddle Duke, el entonces ministro de Información y Turismo se sumergió en las aguas del Mediterráneo para intentar demostrar a los españoles que las bombas atómicas que en enero había perdido un B-52 norteamericano durante una frustrada maniobra de repostaje no habían contaminado la costa de Palomares. La historia ha demostrado que, si realmente se bañó donde aseguran las crónicas de la época, el actual presidente de la Xunta incurrió en una osadía. Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona acaban de demostrar que en esta zona del mar de Almería el planctón presenta concentraciones de plutonio y americio radiactivos cinco veces superiores a la media del Mediterráneo. Una contaminación generada por una de las cuatro bombas de siete metros de longitud que fue localizada en el mar cuatro meses después del accidente. Margen de seguridad Los científicos han centrado su investigación en el plancton ya que a través de este sustento orgánico marino los elementos radiactivos pueden pasar a la cadena alimenticia humana cuando se consumen productos del mar. Aunque los niveles de contaminación se encuentran dentro de los márgenes de seguridad que recomienda la Agencia Internacional de la Energía Atómica, en el llamado golfo de Vera -en cuya orilla se encuentra Palomares- la radiactividad alcanza las 2.046 unidades, frente a las 452 de otras zonas del Mediterráneo como la costa de Barcelona. No es la primera vez que se alerta sobre las consecuencias de uno de los accidentes nucleares más graves de la historia de España. En el año 2001, el Gobierno reconoció que, 35 años después de aquellos hechos, persistía en la zona «una cierta radiactividad». En aquel momento, el Consejo de Seguridad Nuclear revisó el programa de seguimiento radiológico puesto en marcha en la zona a raíz del incremento constante de la actividad agrícola y turística en Almería. Según este plan, las dosis de contaminación que estarían recibiendo los habitantes del área afectada serían «aceptables».