Juan Pablo II mostró un aspecto más sereno y relajado que en anteriores ocasiones Un nuevo invento mecánico le permitió viajar en helicóptero
07 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El Papa consiguió ayer de nuevo cumplir con su programa de trabajo, que esta vez preveía un viaje al santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, situado junto a las famosas excavaciones arqueológicas de Nápoles. Fue un desplazamiento en helicóptero de 230 kilómetros para una sencilla ceremonia de algo más de dos horas que no le exigió grandes esfuerzos. Juan Pablo II, con aspecto más sereno y relajado que otras ocasiones, se limitó a estar sentado en silencio durante la mayor parte del acto, que consistió en el rezo del rosario, especialmente dedicado a pedir la paz. Al final leyó su discurso de forma aceptable, con algunas pausas dictadas por la fatiga, e improvisó saludos de agradecimiento. «Hoy, como en los tiempos de la antigua Pompeya, es necesario anunciar Cristo a una sociedad que se aleja de los valores cristianos», dijo el Papa ante 30.000 fieles. Cuando terminó, se veía cierta conmoción en su cara. Había conseguido superar una prueba más, pero quizá se ha tratado de su último viaje. La visita a Pompeya era la última establecida en la agenda de Juan Pablo II. Fue fijada hace meses y pese al reciente deterioro de su salud, el empeño del Pontífice por seguir sus planes y la importancia que le daba a este cita la han mantenido en el calendario. Wojtyla quería cerrar en el santuario mariano de Pompeya el Año del Rosario, una oración a la que tiene gran devoción y a la que ha dedicado este 2003. Finalmente se ha salido con la suya, gracias entre otras cosas a un nuevo invento mecánico que ha permitido que use el helicóptero. Wojtyla había dejado de usar este medio de transporte ante la imposibilidad de subir y bajar la escalerilla, pero un pequeño elevador ha solucionado el problema. El Vaticano ha evitado que se tomen imágenes tanto del aterrizaje como del despegue, así que no ha habido manera de verlo. Sin embargo, a partir de ahora Juan Pablo II no tiene previsto ningún viaje, ni dentro ni fuera de Italia, y dadas sus condiciones físicas parece difícil que se establezcan nuevos compromisos.