Emociones

ASSUMPTA ROURA

SOCIEDAD

LAS RAMBLAS

07 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

NO SÉ SI han visto la película de Isabel Coixet, Mi vida sin mí. En cualquier caso su éxito es evidente, como lo vienen siendo todos los temas que de forma inteligente y sin caer en la pornografía sentimental han sabido abrir el cerrojo del cinturón de castidad impuesto a lo largo de treinta años a cualquier manifestación emocional. La protagonista de la película referida tiene cáncer y decide no compartir esa mala noticia con nadie de los suyos. Con su secreto a cuestas va trazando un destino corto en el que para ahuyentar el sufrimiento prueba esas pequeñas delicias de la vida y del deseo que hubieran discurrido de forma muy distinta de no ser por el terrible mal. Un discurso sobre la soledad es lo que nos propone la película, cuando además del cuerpo enfermo es el alma la que ha de habitar el límite gestionando las pocas y últimas posibilidades que le quedan y manifestarse con toda su grandeza y su miseria. La crítica americana ha maltratado la historia decidiendo que su protagonista carece de ética al no compartir su nueva realidad con los suyos. La ética es una convención, unos acuerdos sociales que transcienden las normas de buena educación para concedernos categoría de personas respetables, nobles, justas o solidarias. Otra cosa muy distinta es que para la cultura americana en general, la ética ha de mantenerse en nuestra vida, incluso en la más íntima, aquélla en la que habitan sueños, contradicciones y transgresiones no siempre comprensibles ni tan sólo de fácil aceptación para uno mismo. Europa sí conoce esos bajos fondos de nuestra alma que no compartimos pero que exorcizamos en el cine.