Rostros de actualidad

Alba Díaz-Pachín | alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

29 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La diseñadora británica Stella McCartney, recién casadita, estrenó este fin de semana nuevo negocio. Fue, como era de esperar, una tienda de su firma de ropa, aunque algo lejos de casa: en Hollywood. Para la ocasión se puso delante de la exclusiva tienda un enorme letrero con el nombre de la modista hecho con el tipo de letra que luce la montaña más famosa de California. Por si eso no llegase, por la party se pasaron rostros muy, muy populares. Les digo dos nombres para que se hagan una idea: Demi Moore (siempre de actualidad, en este caso por el jovencísimo novio que se ha echado, suerte que tiene) y Cate Blanchett (la actriz australiana de moda). Calculen lo que tal habría por allí en esa noche... Desde este rinconcito europeo le deseamos suerte con su aventura hollywoodiense, ya que según las cuentas dadas a conocer hace muy poco, la firma de la hija del ex beatle perdió en su primer año de andadura cuatro millones de euros. Claro que eso no es nada para ella, y no por su papá, sino porque está respaldada, nada menos, que por el supergrupo Gucci. Respaldo menos consistente parece tener Tony Blair, que esta semana se enfrenta a su partido, que en un porcentaje altísimo está enfadado por su apoyo incondicional a Estados Unidos en la guerra de Irak. Ante semejante situación, el primer ministro británico intenta quedar bien en la foto. Por eso se paseó por una guardería y se hizo la instantánea de rigor que, han de reconocer conmigo, le ha hecho quedar un poco, un poco... ¿parvo? Y si Blair no atraviesa su mejor momento, por ahí andan los responsables del teatro Bolshoi. Según el ministro de trabajo ruso, el teatro incumplió la ley cuando expulsó de su compañía a la bellísima bailarina Anastasia Volochkova. Recordarán ustedes la historia: la espectacular diva fue expulsada con cajas destempladas por pesada, literalmente. Al parecer, los responsables del teatro decían que la afición a los helados de la bailarina es inversamente proporcional a la fuerza de sus compañeros de reparto, que no podían lazar tanta carne junta. Ella reclamó, claro, y ahora la Administración le da la razón. Cambio de tercio. Una conocida me dijo una vez algo así como «se me murió fulanito, con lo joven que era...» y el fulanito de marras tenía 92 años. Y es que según la buena mujer «nadie es tan mayor como para morirse». Sin embargo, creo que en el caso de Yukichi Chuganji sí se daba esa premisa: 114 años. Bastante mayor, ¿no? Pues tanto como que era el hombre más viejo del mundo, un japonés que nació en 1889 y que, por ejemplo, se casó en 1914. Por cierto, japonés es también Yuji Ishimatsu, de 33 años, un travesti que fue detenido por haber robado más de 400 piezas de ropa interior femenina y por acariciar a una niña de dieciséis años. Cuando lo hizo, Ishimatsu estaba disfrazado de alumna de instituto, con falda de uniforme escolar y largos calcetines blancos. La actitud de Ishimatsu armó un escándalo, aunque no tanto como la de Miriam Tey, directora del Instituto de la Mujer y editora del libro Todas putas , Hernán Migoya. Me sale la vena feminista (bueno, siempre me sale) tras la comparecencia de Tey ayer en el Congreso. Dijo que se trataba de una obra de ficción que implicaba una denuncia «muy dura» de la violencia contra mujeres. El caso es que, cinco meses después del escándalo y ante el escepticismo de la oposición, Miriam Tey recalcó que la literatura no se puede sacar del contexto, porque entonces cualquier cosa sería motivo de escándalo. De lo que se olvida Tey, y es curioso siendo una editora, es del poder del lenguaje, de las palabras. Es tanto que lo que no se dice deja de existir.