En moto a la zona cero

La Voz

SOCIEDAD

ANA GARCÍA

Hechos y figuras

16 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue más el ruido que las motos. Muxía estaba preparada para recibir, entre el viernes y ayer, a mil, dos mil o más motociclistas de todo el mundo. En realidad, llegaron hasta ayer por la mañana, cien, ciento veinte o más. Parece que por la tarde la cifra se cuadriplicó, pero aún así la realidad fue un poco dura con las expectativas. Es lo que tiene la realidad, a veces. Participaban en una concentración internacional, pero el idioma que más se habló fue el de quienes pasaron un montón de horas esperando una avalancha, guardias y Protección Civil. A ver para el año. Mejor suerte tuvieron los organizadores de la Festa do Pulpo. No quedó uno de los mil kilos que salieron a la venta, y eso que dicen que mucho no hay por la Costa da Morte (quizá por eso). Y qué decir del trofeo de fútbol Manolo Martín, disputado ayer entre el Real Madid B y el Compostela en el campo muxián. Hubo buen juego y un fin loable (recaudación para los hijos estudiantes de marineros), pero a la peña le llamó mucho la atención la presencia de viejas glorias como Emilio Butragueño o Arsenio Iglesias. Que no fueron en moto, por cierto. Aquí sí que hubo masificación: en la ciudad italiana de Siena, no muy lejos de Florencia, ayer volvieron al Medievo como hacen cada verano con la carrera de caballos que se celebra en la peculiar plaza principal de la localidad, de forma irregular y suelo inclinado. La competición se denomina Palio por el estandarte que se concede al vencedor de la prueba, que, como ven en la imagen, concita el interés de miles de seguidores apiñados como sardinas en el medio de la plaza. En esta tradición local también hay lugar para la polémica, puesto que algunos colectivos de defensores de los animales han pedido su suspensión por el «sufrimiento» que implica para los caballos. La mecánica de la carrera es sencilla: compiten diez jinetes (cada uno representa a un barrio de Siena) y dan tres vueltas a la plaza. O sea, que después de tanto jaleo, el asunto se despacha en un minuto y medio escaso. Miren que yo llevo el equipaje cargado cuando me voy de viaje. No lo puedo evitar. Pero tampoco llego a los extremos del turista que llegó al aeropuerto de México cargado con... ¡500 tarántulas! El problema es que el paisano en cuestión no superó el papeleo de inmigración, así que allí se quedaron en la terminal las 500 tarántulas a la buena de Dios. Pero no cundió el pánico, ni nada de eso. Los bichejos (con perdón, pero a mí, la verdad, me dan un poco de grima) están a buen recaudo en una reserva medioambiental próxima a la ciudad, donde un grupo de expertos se han hecho cargo de ellos. El biólogo Alejandro Abundis, que en la foto sostiene un ejemplar de la variante «rosa chilena» de las tarántulas, ha explicado que esta especie tiene un tamaño medio de siete centímetros y que llega a vivir hasta once años. Exóticas son, no lo niego, pero yo prefiero no topar con ninguna.