CALIFORNIA es un curioso lugar donde un hombre atractivo no sólo puede ser piropeado por otro hombre, sino hasta por una o varias mujeres. Lo sé porque lo he visto, así que estoy en condiciones de asegurar que el sexo es importante en California. Ya lo sugería aquella canción: «Si vienes a San Francisco no te olvides de ponerte flores en el pelo». Arnold Schwarzenegger está dispuesto a instalarse en San Francisco como gobernador del estado, y lo primero que ha señalado es el sitio donde no tiene pelo para ponerse las flores. El actor reconoció que la decisión de presentar su candidatura a gobernador no fue cosa fácil: «Nada había sido tan duro desde que, en 1978, decidí depilarme las ingles». Y menos mal que Schwarzenegger es un republicano moderado, porque si fuera un republicano puro y duro, una mezcla de John Wayne y Charlton Heston, habría dicho algo así como: «Nada tan duro como mi decisión de arrancarme de cuajo el pelo de las pelotas». Quiero indicar con esto que las elecciones californianas imprimen carácter o, por lo menos, lo moderan. E incluso hay ocasiones en que lo cambian de un modo radical. Otra candidata al cargo de gobernador es la periodista Ariana Huffington, de historia no menos pintoresca o californiana. Era una columnista de la extrema derecha hasta que, divorciada, hubo de oír cómo su ex marido, congresista republicano, se declaraba homosexual. Ante tal salida del armario, la dama respondió con un extraño sentido de la simetría o de la acción-reacción o del binomio estímulo-respuesta, y se pasó a la extrema izquierda. Lo que se ignora es si se depiló o se arregló, siquiera, el entrecejo.