Paseo por la espalda del mar

La Voz

SOCIEDAD

ÓSCAR VÁZQUEZ

Con Rodeos | Visita a la duna de Corrubedo

22 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay dinosaurios en Corrubedo. Que conste en acta. No será este cronista el que cumpla la profecía de Cayetano Brión. La duna es el centro de salud al que Cayetano acude todos los días sin cita previa. A su paso, José Pérez. Además de caminatas, comparten edad, 73. Cuando lo del Prestige , los periodistas tomaron Corrubedo y exaltaron la riqueza del parque natural. Dos mil ejemplares invernantes censados. Diez especies anfibias y catorce reptiles. Uno de los contados puntos de la costa gallega donde anida el chorlitejo patinegro. Todo eso escuchó Cayetano en la tele y nada se creyó. -Calquera día din que hai dinosaurios. Media José. -Hai vinte culebras e catro ghaviotas, e punto. -Tamén hai moscas, José. -E augha, augha hai moita. -E culebras, culebras hai dabondo. Estos paisaniños son bien simpáticos. Apuestan a dúo por traer los coches al pie de la duna, por pegar el aparcamiento al colchón de arena. Ante la cara de no del foráneo, Cayetano tantea al periodista: -¿Ti eres do medio ambiente? A Cayetano y a José les cuesta apreciar el valor de lo cotidiano. Se entiende. A estas alturas, después de décadas de pisoteo arenoso, les vienen con el cuento del chorlitejo patinegro. La charla fluye sobre la duna. Blanca espalda del mar a la que tanto se le ha dado la espalda, a la que tanto se ha apuñalado por la ídem con la autoridad (in)competente en Babia. La duna fue maltratada como tobogán, mina y circuito. Tobogán infantil promocionado por los coles. Mina de extracción de arena. Y circuito en el que los todoterreno jugaban al París-Dakar. Los que la pasearon ayer la ven hoy más pequerrecha que antaño. «Antes non se subía, ghateábase», recuerda Cayetano. La directora del parque, Frica Núñez, explica que, pese al maltrato, «la duna no se ha rebajado, ha modificado su fisonomía». Porque está viva. Camina cinco metros cada año hacia el noreste, hacia las lagunas donde habitan la mayoría de esas especies en las que Cayetano y José no creen. La duna, explica Núñez, se percibe más baja porque se recuerda con ojos de niño. Es una teoría poética y, a la vez, geodinámica. Está avalada con estudios. Mide, en su punto mas alto, 15 metros, «como en las fotos antiguas», remarca la directora. Hace once años que Corrubedo es parque natural. Ya no hay mina ni circuito. Una pasarela peatonal situada en un extremo de la duna marca el camino correcto, el del medio ambiente, que diría Cayetano. Por ahí se puede pasar, ir y venir. Sólo por ahí. Pero muchos abandonan la ruta: hay huellas del delito por todo el kilómetro de montaña arenosa. No causa el hombre una erosión natural, y por eso se acota su paso. Si hubiese sentidiño, dejaríamos hacer a la Naturaleza. Dejaríamos la duna en manos del viento, que la peina grano a grano, con delicadeza, como la mamá peina al bebé. Y le deja una cresta hermosa.