DIAGONAL
04 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Erin Brockovich ganó en su juventud un concurso de belleza que le abrió las puertas a una fama local, unos cuantos desastres matrimoniales y una trayectoria laboral de baratillo y desguace. Casi en las últimas, encontró trabajo en el despacho de un abogado, Ed Masry, especializado en rutinas y sosiegos. La muchacha, impertiennte y cimarrona, no paró hasta conseguir implicarlo en la defensa de los habitantes de Hinckley, un pueblecito cuyas aguas estaban contaminadas por la Pacific Gas & Electric . El resultado fue una indemnización de 333 millones de dólares. La historia llegó al cine con Julia Roberts de protagonista. Puede que no sea esa la única película, pues la cosa no acaba ahí. El despacho de Brockovich y Masry acaba de iniciar acciones legales ante el Tribunal Supremo de Los Ángeles contra las compañías Chevron, Texaco, Gulf Oil y Venoco, propietarias de unas extracciones petrolíferas y de gas en los alrededores de Beverly Hills. El área arroja un total -por ahora- de 216 casos de la enfermedad de Hodgkin, cánceres y linfomas, con unos niveles de incidencia 20 veces superiores a la media estadounidense, en un área con una producción diaria de 450 barriles de petróleo y 120.000 metros cúbicos de gas. La historia no tiene tanto que ver con la moraleja de que la realidad supera a la ficción, como con la evidencia de que el contaminador escarmienta poco. El pleito también pondrá en su sitio al departamento estatal responsable del medio ambiente en la zona, experto, por lo que parece, en taparse la nariz, mirar para otro lado y embolsillarse unos cuartos. Sus funcionarios deberían ir más al cine.