De bajón

LUIS VENTOSO

SOCIEDAD

CUANDO se despertó ya había pasado la hora del vermú. Su cachola rasurada estaba a punto de explotar, como si le hubiesen clavado una docena de chinchetas en los parietales. Notaba la boca reseca y sentía estropajosa la lengua. Se levantó tambaleante y se dirigió al baño. En el espejo de diseño del lavabo (de precio equivalente a dos meses de nómina de un currante) contempló sus ojos inyectados y su extrañísimo peinado-cresta de las grandes ocasiones. Haciendo un esfuerzo heroico, se echó un poco de agua en el jeto, en un intento vano por despabilarse. Después, avanzó hacia la cocina y pulsó un timbre. Al instante apareció un mayordomo con tres termalgines y un vaso de litro de zumo de tomate. Con gafas de sol (para paliar el sol crudo que entraba en la cocina), y todavía en gayumbos, dio cuenta con avidez de los preparados anti-bajón. Con sutileza extrema, el mayordomo le recordó al señor que durante toda la mañana se habían recibido llamadas de apremio para recordarle que se le esperaba a las doce y media en la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Apurando un poco, quizá todavía llegaría a la cita. ÉL posó en la mesa el vaso vacío de zumo de tomate y meditó un segundo con una mirada ida. Finalmente, cogió la PlayStation de su hijo de tres años, que estaba por allí tirada, y regresó bostezando a la cama. Antes de acostarse, le advirtió al fámulo que se levantaría «a eso das seis da tarde» y que para entonces quería un chuletón de buey doble, con feiojoada y una montaña de papas fritas. A la misma hora, miles de aficionados al fútbol abarrotan la Puerta del Sol de Madrid. El termómetro marca 34 grados. Aquello es un horno cruel, pero vale la pena soportar el sofoco: los héroes de la Liga van a saludar al pueblo desde el balcón. La audiencia a los dioses concluye con discursos. Ruiz-Gallardón, alcalde y presidente eventual de Madrid, hace un panegírico eufórico de la gesta blanca y ensalza a los futbolistas como «un ejemplo para la nueva juventud». En algún lugar de la misma ciudad, el más galáctico de toda la Pérez-Galaxia duerme la mona, ajeno a las pasiones del vulgo.