Trastienda de cadáveres ilustres

SOCIEDAD

M. MORALEJO

Jean Monceau, profesional francés que preparó cuerpos como los de Lady Di, Cousteau y Bette Davis, imparte un curso sobre tanatopraxia en Vigo y ayuda a crear una escuela

14 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Le gusta decir que trabaja en la frontera entre la vida y la muerte. Jean Monceau es uno de los tanatoprácticos más reconocidos del mundo. En su currículum figura la preparación de cadáveres ilustres como los de Lady Di, su compatriota el comandante Cousteau, la actriz Bette Davis o el modisto Guy Laroche. Pero no le gusta hablar de ello -«para mí todos los cuerpos merecen la misma consideración», dice-, entre otras cosas por respeto a las familias. Por eso advierte al periodista que no busque detalles morbosos sobre el estado de la princesa o los ojos de la inolvidable protagonista de Eva al desnudo. Presentación Monceau lleva 23 años en la profesión. Ha estado en Vigo para impartir un curso a trabajadores del sector funerario. La tanatopraxia es una especialidad que permite la conservación temporal del cadáver mediante técnicas como la inyección de conservantes y antisépticos. El objetivo es conseguir una presentación pública en las mejores condiciones posibles y evitar sufrimientos añadidos a las familias. «Es un verdadero drama el que sufren algunos familiares; piense en una madre después del grave accidente de coche de su hijo», explica. Monceau ha enseñado sus técnicas por medio mundo, desde Italia a Vietnam. Incluso le han llamado de ex colonias francesas para tratar a presidentes.Cree que en España (donde la tanatopraxia es algo reservado a médicos «que en muchos casos no saben nada del asunto») aún queda mucho camino por recorrer. Normativa A su juicio, la Xunta debería regular una figura que cada vez cobra más importancia. Por eso está ayudando al tanatorio Vigomemorial, que cuenta con unas modernas y adecuadas instalaciones para estas técnicas, a desarrollar un novedoso proyecto: la primera escuela de tanatopraxia de Galicia. Entiende que un trabajo como el suyo requiere una formación similar a la que pueda tener una enfermera. «En Francia hay que hacer cien prácticas y un examen final, también teórico, ante un tribunal de especialistas y médicos», cuenta Monceau. Pero que nadie se lleve a engaños. No se trata de cirujanos, ni mucho menos: «Hay quien pretende que convirtamos en jóvenes a personas que no lo son o quien busca soluciones que no son posibles para contrarrestar algunos de los efectos de una enfermedad o accidente». Oyéndole, viene a la memoria aquella escena de El Padrino, en la que Vito Corleone se cobra el favor que le había hecho a un funerario pidiéndole que arregle el cuerpo de su hijo Sony, cosido a balazos. Pero el humor del tanatopráctico, como buen francés, no es fácil. Él presume de hacer un trabajo necesario, ni más ni menos, y de salir con discreción por la puerta de atrás cuando concluye.