Su piso se ha convertido en una prolongación ruidosa del bar musical que tienen debajo. Viven en Narón, en una zona en la que abundan los pubs y los decibelios cuando cae la medianoche de los fines de semana. Allí, desde hace años un matrimonio ha de servirse de tapones en los oídos para conciliar el sueño. Ambos, marido y mujer, prefieren ocultar sus nombres por miedo a las amenazas que han recibido de varios establecimientos a los que denunciaron en agosto por partida doble, por ruidos y por amenazas. Esperan desde entonces solución para el primero de los casos -el segundo ya tiene sentencia condenatoria-, «pero seguimos igual que entonces», dice la mujer. El pub, con otro dueño, prosigue su ritmo nocturno. Hasta las cinco de la mañana aguantan en vela algunos días. Su hija, cuando llegan los exámenes, se va a otra casa. El expediente está en manos del Concello. «Esta semana vimos la noticia de Palencia y, hombre, cárcel no pero...», dicen.