La reina gitana se queda sin boda

La Voz REDACCIÓN | LA VOZ

SOCIEDAD

ANDREU DALMAU

El Ayuntamiento de San Cugat desaloja de un descampado a un millar de personas procedentes de Europa y Marruecos que iban a asistir al enlace de dos jóvenes calós

09 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Moraica ya no podrá casarse. Al menos no podrá hacerlo en donde su familia había previsto, un gran descampado ubicado en el municipio barcelonés de San Cugat del Vallés, que ayer abandonaron las 200 familias gitanas que se preparaban para los diez días de fiesta con los que se iba a celebrar el enlace de Moraica Lobis, una adolescente de 17 años, con un chico napolitano. El millar de gitanos cumplieron a mediodía de ayer a rajatabla la orden de desalojo dictada por el Ayuntamiento de San Cugat, gobernando por CiU, cuyo alcalde decretó «el cese inmediato de la acampada ilegal». Hace diez días comenzaron a llegar a la zona los primeros gitanos convocados al enlace de Moraica. Se calculaba que finalmente serían dos mil los invitados, procedentes de Italia, Alemania, Francia, Suiza y Marruecos. La boda se iba a celebrar el próximo jueves, aunque tras el desalojo de ayer los contrayentes no sabían si finalmente iban a poder mantener la fecha. La inusitada expectación despertada por la boda está relacionada con la procedencia de la novia. «Es muy importante para la raza gitana internacional. Se casa la reina». La reina, Moraica, es la hija de José Lobis Costa, un gitano que actualmente vive en Francia y que «es un príncipe gitano húngaro, según nuestra tradición», declaró a La Vanguardia la madre de la novia. Un rango que Manuel Heredia, presidente de la Federación de Gitanos de Cataluña, pone en cuestión. «La figura de la reina no existe», constata. Tras cumplir la orden de desalojo, las doscientas familias se dispersaron en menos de dos horas por varias localidades. Una treintena de caravanas se volvieron a instalar en el polígono industrial de Castellbisbal (Barcelona), donde tenían la intención de permanecer 24 horas para poder celebrar la boda por el rito de la Iglesia Evangelista de Filadelfia. El resto se trasladó en pequeños grupos hacia las localidades de Mollet del Vallés, Santa Perpétua, Sierra Nevada y Francia. Uno de los gitanos explicó que habían intentado ir hacia la localidad de Rubí, a un lugar que ya habían ocupado anteriormente, pero que allí les «esperaba un cordón de policías y no nos han dejado pasar». «Al menos», se consolaba otro, «hemos podido celebrar las Navidades y el Fin de año juntos».