Al llegar la medianoche del día de Reyes los más de mil trabajadores de unos grandes almacenes de A Coruña dejan irreconocible los 36.000 metros cuadrados del centro
06 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.La medianoche tiene una magia que se acentúa en días como el de Reyes. Cuando el domingo los Magos entregaban sus últimos obsequios en El Corte de Inglés de A Coruña, por megafonía sonó el aviso de cierre «dentro de unos minutos». Gloria Estefan cantaba al Año Nuevo, mientras indecisos y remolones buscaban el postrer regalo. Como en La Cenicienta , a las doce de la noche los hasta entonces correctísimos empleados se transforman. En la planta baja un palé cargado de mercancía es arrastrado por un encorbatado trabajador. Es Antonio Ruíz, «el jefe de la planta», explica Pati Blanco, relaciones públicas de El Corte Inglés. Por allí anda el subdirector del centro, Pedro Uyá, cuarentaytantos años en el fregado de noches como esta en la que, según dice, 1.100 personas dejan irreconocible los 36.000 metros cuadrados del centro. Insiste en que las prendas de las rebajas «son las mismas, pero más baratas» Ángel, responsable de mantenimiento, pide a alguien que coloque un cartel y explica que «tenemos dos equipos uno para desmontar y otro para el montaje». Media hora después del cierre, el lío está en la tercera: por un lado desaparecen las estanterías de los juguetes y por otro entran las prendas de confección. «El espacio de los juguetes queda reducido a un 30% de lo que había», cuenta Manuel Meco, responsable de la planta. En esos momentos, en la sexta ya está todo listo, sólo falta poner los nuevos precios. Bajando las escaleras mecánicas dos chicas cambian los carteles de las estrellas y la Navidad por los de las rebajas. Es cuestión de sacar y poner. En la planta baja, una de las chicas bailotea con la música de la megafonía y otras tres fuman, algo impensable durante el día. En los muelles del sótano, el ajetreo es considerable. Los palés llenos de juguetes entran en los camiones, de los que salen artículos de confección para las plantas. Colgados en el exterior, los carteles anunciando los regalos dejan paso a Imanol Arias y Ana Duato. Por un lateral se ve como en la librería abren una botella de cava. A las dos de la madrugada, sale un grupo de chicas y una recuerda: «¡Que es la Noche de Reyes!». A su lado un escaparate, el que se encontrarán quienes esta mañana acudan a las rebajas. Los últimos clientes de la Noche de Reyes pudieron ver como se colocaban los primeros carteles de las rebajas cuando pasaban unos minutos de la medianoche, momento en el que ese día cerró sus puertas el centro comercial. De los regalos a las rebaixas. El cambio de carteles en la sexta planta indica lo que está aconteciendo el edificio. Aunque llamativa, esta es una de las tareas mas sencillas: descolgar un cartel y colgar otro en su sitio. Lo laborioso es el marcaje de objetos y cada una de las prendas de ropa. En los muelles, donde se carga y descarga la mercancía de los camiones, apenas se puede entrar sin el riesgo de ser «atropellado» por uno de los palés que llevan desde los juguetes para guardar en el almacén hasta prendas de ropa para la sección de confección. El jefe acarreando cajas. Antonio Ruíz, jefe de la primera planta, acarrea cajas. Es una de las 1.100 personas que esta noche cambia el aspecto del centro. A las dos de la madrugada, Iñaki Barturen, en informática, anota precios, ya despojado de su habitual chaqueta y corbata. Terremoto en la tercera. Los juguetes habían ocupado en las últimas semanas gran parte de la tercera planta; ahora ceden espacio a la ropa y la retirada incluye los expositores, ya que para la confección se usan unos distintos. La actividad del traslado de las cajas de juguetes es intensa. Es la Noche de Reyes y algunos trabajadores han decidido que, a pesar del intenso trabajo o quizá por ello, bien se merecen un cava y unos bombones. Queda mucha tarea antes de tomarse algo en uno de los bares de la zona cuyo dueño comenta que esta noche no cierra.