¡Qué difícil resulta a veces conjugar los sentimientos! Combinar el dolor y la rabia que surge de la negritud del fuel que no rebaja su presión con el orgullo de los que salieron a darlo todo para detener la marea negra; la indignación hacia los que no supieron, con la gratitud hacia esa marea blanca que llega de todas partes para ayudarnos a restituir lo nuestro. Más diez mil almas embutidas en monos blancos repartidas por el litoral herido. Que sirva esta fotografía de una voluntaria que ha escrito su nombre con chapapote en la espalda de su traje para agradecer su ilusión y su trabajo a toda esa gente que ha venido a luchar anuestro lado. Que sirva para convencernos de que no estamos solos. Que valga esa pared negra, teñida por el embate salvaje del fuel sobre las rocas, para que veamos como empieza a blanquear gracias al trabajo solidario de corazones que sienten como propia nuestra desgracia. Han llegado de toda España, de Europa, para lavar Galicia del ultraje del Prestige . Son el antídoto contra el veneno. Contra el que mancha la costa y contra el que nos mancha el alma. Sólo en la sincera ayuda que nos prestan los demás y en el legítimo orgullo que sale de nuestro valor y nuestra tenacidad encontraremos toda la fuerza para recuperar lo mucho que hemos perdido. Pasarán las semanas, los meses y los años y, de esta tragedia que nunca podremos borrar de nuestra memoria, recordaremos que fuimos valientes y que se contaban por miles los que vinieron a ayudarnos a recuperar el entorno y la dignidad.