El viento viene y el viento se va. Lo canta Manu Chao y es verdad. Hoy todo es un desastre y mañana la vida te devuelve la alegría. No la que tu querías. Otra distinta, pero capaz de llenarte. Ahí tienen la historia de Damien Oliver y Media Puzzle . Jinete y montura felices después de conseguir los cuatro millones de dólares australianos (alrededor de 2,2 millones de euros) que tiene como premio la Copa de Melbourne. Desde luego, un triunfo semejante es para saltar de alegría, como indica la curiosa manera que el jockey tiene de descender de su caballo. Pero nada hará olvidar a Damien que su hermano Jason se mató una semana antes también en una carrera de caballos. Tal vez aquel accidente le diera a Media Puzzle y, sobre todo a Damien, la fuerza suplementaria para imponerse en la carrera y seguro que, durante la celebración, la figura del hermano desaparecido estuvo muy presente. Nada conseguirá que vuelva pero las penas, con pan son menos. Cuando el viento sopla fuerte hay que pensar que igual que viene, se va. Lo importante es que no nos mueva mucho del sitio. Las lágrimas de Nicole Igual que la NASA se ha empeñado en demostrar que efectivamente mandó hombres a la Luna, Nicole Kidman quiere dejar claro en una entrevista que su matrimonio con Tom Cruise fue real. La pelirroja declara a Vanity Fair que estaba enamoradísima de Tom y que la ruptura (sobre cuyas causas no quiso aportar detalles) le dolió muchísimo: «Estaba apasionadamente enamorada y cuando rompimos estaba tan enfadada que me tiraba en el suelo en posición fetal, llorando». Lo que Nicole ha dejado claro es que no es lesbiana, aunque tampoco se enfurece cuando publican lo contrario. Ya saben que se llegó a decir que el matrimonio era sólo una tapadera para esconder las tendencias homosexuales de ambos. ¿Saben lo que les digo? Que me alegro de su éxito. Ahora Nicole ya no llora. Tiene a sus hijos, una carrera revalorizada y un futuro por delante. ¿Y Tom? Bueno, pues Tom tiene a Penélope Cruz . Hasta que la muerte nos separe ¿Es posible permanecer casado durante 85 años? Es muy difícil. En primer lugar, porque hay que vivir algo más de 85 años, a los que ya no llega cualquiera. Y luego, supongo, porque habrá que tener una paciencia infinita. De lo que estoy segura es de que es posible. Y lo sé porque el Libro Guiness de los récords acaba de certificar que la pareja taiwanesa formada por Liu-Yung Yang (103 años) y Yan Wang (102) es el matrimonio más longevo del mundo. Está claro que, cuando les dijeron aquello de que «hasta que la muerte os separe», se lo tomaron totalmente en serio. ¿Qué? ¿Se animan?