Operadoras y fabricantes quieren que los nuevos terminales sean el regalo estrella de las Navidades -Los últimos teléfonos incorporan una cámara y envían imágenes
05 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Si son consumidores de televisión se habrán percatado de que en las últimas semanas se programan muchos anuncios de un nuevo producto de telefonía: el móvil con cámara de fotos incorporada y con capacidad para enviar y recibir imágenes. Operadoras y fabricantes pretenden que estos aparatos, que funcionan gracias a una tecnología llamada GPRS, se conviertan en el regalo estrella de las Navidades, a pesar de que el precio de cada terminal ronda los 500 euros. La llamada generación dos y media de los móviles -que actuará de puente entre la actual tecnología GSM y la futura y manoseada UMTS- está acaparando buena parte de las novedades que desde ayer se presentan en la Feria Internacional de Informática, Multimedia y Comunicaciones (SIMO), en la que la industria intentará traducir para el gran público las ventajas prácticas de una tecnología denominada con unas siglas que el 96% de los usuarios de móviles no saben qué significan, según un estudio reciente realizado por la empresa The Phone House. ¿Qué ventajas adicionales reportarán estos nuevos terminales a los 31 millones de españoles que ya tienen móvil y a los que los fabricantes quieren seguir vendiendo teléfonos? La más vistosa, la que convierte el celular en una cámara fotográfica con capacidad para enviar esas imágenes a otros teléfonos o a un correo electrónico. Prestaciones Pero en realidad, la farragosa denominación con la que se ha bautizado la tecnología que sustenta a estos teléfonos-GPRS otra vez- no es si no una forma de referirse a un nuevo tipo de aparatos que permiten transmitir datos a mayor velocidad. Lo que en la práctica significa que ese terminal de 500 euros, además de un híbrido entre cámara fotográfica y módem, es un artefacto con la pantalla en color con el que se puede acceder a Internet, que reproduce sonidos polifónicos, que permite a varios usuarios participar a la vez en juegos interactivos y que ofrece servicios de localización que informan al usuario de ofertas de ocio cercanas al lugar en el que se encuentra. Los fabricantes de los terminales tendrán que echar el resto en SIMO para tratar de reconducir la crisis que afecta al sector -por saturación- y tratar de convencer a sus potenciales clientes de que la nueva tecnología es tan sencilla como la actual y lo suficientemente novedosa como para que les compense cambiar de móvil. Juega en su contra la impresión general de que la tercera generación de móviles no interesa tanto a los usuarios como se esperaba, teniendo en cuenta, además, que lo que más se valora a la hora de comprar un nuevo teléfono es su precio. Esa impresión se sustenta en parte en el fracaso relativo de la tecnología UMTS en Japón, país pionero en la venta de terminales con las nuevas prestaciones a través de la operadora NTT Docomo, recientemente aliada en España con Telefónica. Hace un año, cuando aparecieron en el mercado nipón los primeros nuevos móviles de la marca Foma, la operadora preveía captar a 1,4 millones de clientes antes de marzo del 2003. Pero de momento sólo 134.000 japoneses usan los «supermóviles». Con todo, y aunque no se reproduzca el apabullante bum que siguió a la aparición del primer móvil, fabricantes, operadoras y hasta usuarios saben que, tarde o temprano, acabarán con un nuevo teléfono en la mano.