¿Hace falta que lo diga? Me encantan los ositos de peluche y esos niños alemanes que se deslizan por el tierno osito gigante me provocan una envidia digna del mismísimo Caín. ¿Quién no ha tenido un osito al que abrazar de niña en las noches oscuras, de adolescente recordando o deseando un amor? ¿Quién no ha descargado toda su nostalgia ante ese peluche que aparece en el desván y que nos retrotrae a la infancia? Por eso me parece acertadísima la exposición que se ha inaugurado en Leipzig para conmemorar el centenario de la creación del primer oso de peluche, o Teddy bear, como le llaman los anglosajones. Como muestra les traemos hasta esta página el más grande del mundo, que mide casi siete metros, y el más pequeño, que sólo se aprecia correctamente con una buena lupa y que mide seis milímetros. Desde luego, entre uno y otro, se encuentran todos aquellos que, durante tantas noches, velaron nuestros sueños y, aunque no estén en la exposición alemana, vivirán (a veces ocultos) en nuestros corazónes. Reina in péctore Si finalmente Camilla Parker- Bowles no se casa con el príncipe Carlos y nunca llega al trono de Inglaterra, al menos habrá disfrutado de unos cuantos años de trato real por parte de su familia. Según ha revelado uno de sus amigos, el arquitecto de interiores Nicky Haslam, en el entorno familiar, todos llaman «reina» a la Parker- Bowles. El asunto llega al punto de que la hermana de Camilla tiene el apodo familiar de princesa Margarita, como la hermana de la reina Isabel II, recientemente fallecida. El amigo de la familia aclaró que el trato es sólo humorístico, pero no sé yo si le habrá hecho mucha gracia a Camilla. Disculpas periodísticas Tal vez el periódico inglés que ha dado la noticia tenga que dar marcha atrás como le ha pasado al Daily Mirror que, en su día, publicó el teléfono de Steve Bing acusándolo de haber dejado en la estacada a Liz Hurley cuando se quedó embarazada y Bing se hizo el avión. Pues bien, tras una condena judicial, el rotativo tituló ayer a toda página «Lo sentimos Steve», además de deshacerse en elogios hacia el productor. No está mal teniendo en cuenta que hace pocos meses en el mismo periódico lo más suave que decían de él era Bing Laden. Un mal viaje Un viaje en avión puede ser una pesadilla. Sobre todo si les ocurre lo que le pasó a Barbara Henson, de 63 años, que le tocó un asiento al lado de una mujer obesa. Muy obesa. Tanto que la pobre Barbara, cuando llegó a su destino, tenía varios coágulos, desgarramientos musculares en las piernas y ciática. Un viaje inolvidable. La compañía, Virgin, le ha pedido disculpas y le ha compensado con 20.000 dólares. Pero por mucho que le paguen, seguro que Bárbara no podrá olvidar aquel viaje trasantlántico ni las vacaciones lamiéndose las heridas.