Es una de las mujeres más deseadas del planeta (¡Qué se lo pregunten a mi ex-novio) y, desde ayer, también es la artista más influyente en el mundo de la moda. Según la revista Vogue. Y también según mi opinión. Jennifer López es libre; es de esas mujeres que marcan caminos en vez de recorrer los que ya han sido marcados. No hay más que verla recogiendo el premio. ¿De qué va? ¿de ursulina, de colegiala malvada? Definan ustedes. De lo que no cabe duda es de que está brillante. Y en una gala por la que desfilaron desde las hermanas Williams a Naomi Campbell, pasando por el hiperescote de Tyra Banks, Jennifer volvió a llevarse el gato al agua. Desde aquel vestido de Versace con un escote en picado hasta el ombligo, que provocó ríos de tinta, la star latina se ha mostrado siempre fiel a una actitud camaleónica, siempre provocativa, siempre elegante. Jennifer juega con los diseñadores, reinventa sus peinados y mueve su imagen a toda velocidad. Como sus actividades, como sus novios. Me gusta Jennifer. Pero les aseguro que por aquí hay muchos a los que les gusta más que a mí y a quienes la moda les trae el pairo. Cambio de sexo Yo creo que, a estas alturas, ya no sorprende a nadie que se produzcan operaciones de cambio de sexo. Lo que ya no es tan habitual es que sean a pares y que cambien los roles en una pareja. A ver si me explico. El caso se dio en Hungría, donde en la misma pareja cambiaron de sexo los dos. Ella se convirtió en él y viceversa. El primero fue él, que desde hacía algunos años vivía travestido. La intervención le convirtió en mujer a todos los efectos. Excepto en el aparato reproductor interior, claro. Pocas semanas después, ella fue al quirófano a convertirse en él. Un poco de piel del abdomen, un relleno de silicona... et voilà , la pareja volvió a su configuración original: un hombre y una mujer, sólo que con los papeles cambiados. Ambos son ahora más felices que antes. No nos metemos ni en la relación que tenían antes de la operación ni en la que establecerán ahora. El problema queda para los familiares, vecinos y amigos, hasta que se vayan acostumbrando a los cambios, que no será fácil.