Entre el 10 y el 15% de los menores gallegos viven algún acontecimiento traumático Los trastornos adaptativos completan el cuadro clínico de los pequeños
13 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Diez de cada cien niños del primerísimo mundo sufren a lo largo de la infancia algún tipo de acontecimiento traumático. No es sinónimo, pese a la dureza del término, de daño o agresión intencionada pero sí de una experiencia brusca de dolor que siempre deja algún efecto. Y casi nunca bueno. A ellos, a los efectos de los traumas y la violencia en la infancia, se ha dedicado este año el Día Mundial de la Salud Mental. En la privilegiada sociedad gallega, inmersa en el genérico bienestar del mundo desarrollado, no cabe hablar, de modo certero, de incidencia amplia de traumas vinculados al maltrato. Existe, evidentemente, la agresión física y psicológica a los pequeños pero sigue constreñida a la excepción. Los traumas, sin embargo, abarcan un campo más amplio: desde aquéllos consecuencia de acontecimientos excepcionales, como una catástrofe o una pérdida afectiva, a los más cotidianos que se derivan del ambiente familiar o social que rodea a los pequeños. Ansiedad, angustia, trastornos adaptativos y también depresión se diagnostican con más frecuencia de la deseada en las ocho unidades de salud mental infantojuvenil tuteladas por el Sergas. Algunos de los pacientes, los menos pero los más preocupantes, llegan a precisar hospitalización. Ante una sospecha de maltrato corresponde actuar a la Justicia y a los servicios sociales. Ante un mal patrón educativo la responsabilidad se diluye. Para Fernando Márquez, responsable de salud mental en Galicia, no debe perderse de vista que «estamos nunha sociedade con patróns familiares moi protectores, por unha banda, e excesivamente permisivos por outra. Eso provoca nenos sobreprotexidos, incapaces de afrontar problemas, ou nenos sen pautas que fan unha fuxida hacia adiante tentando atopar un límite ó que poden facer. A fronteira ten que poñela a sociedade e a familia». El éxito, asegura, estará en prestar atención sin caer en la sobreprotección ni en la negligencia, alisando el camino a la adolescencia, que empieza a ser una etapa de preocupación especial para los expertos.