Cerca de cuarenta adolescentes fueron atendidas por Protección Civil desde antes del concierto El cantante cántabro y Verónica abarrotaron la plaza de toros
23 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Jueves 22. Plaza de toros de Pontevedra. 22 horas. Una multitud aguarda expectante a que comience el concierto de Bustamante y Verónica. Muchos adolescentes matan el tiempo repitiendo una y otra vez estrofas de alguno de los temas del popular cantante cántabro. Los desmayos no se hacen esperar. Desde las siete de la tarde, voluntarios de Protección Civil atienden a jovencitas afectadas por mareos. Suenan los primeros acordes de El aire que me das y aparece, en medio de un rugido, Bustamante. Enfundado en unos pantalones ajustados y mostrando pecho con una amplia camisa blanca, comienza su actuación. Simultáneamente, se suceden los desmayos. Los 47 miembros de Protección Civil atienden a adolescentes presas de taquicardias y bajadas de tensión. Si los pontevedreses se ocuparon de dos docenas de casos, los de Marín hicieron lo propio con ocho y los de Vilaboa con otros tantos. Muchas chicas, afectadas por crisis nerviosas, vieron su rostro surcado de lágrimas «fruto de ver de cerca a su ídolo», según apuntó un miembro de Protección Civil. Mientras esto ocurría dentro, en el exterior de la plaza se agolpaban dos centenares de personas dispuestas a todo por entrar. Hubo quien se llegó a ofrecer en cuerpo -en sentido literal- y alma -en sentido literario- a algún voluntario con la condición de que le franqueara el paso a ella y a una amiga suya. La táctica no funcionó. «Nunca en mi vida vi tal cosa», indicó el interfecto. Menos mal que ahí estaba Verónica para bajar los ardores de muchas y, de paso, levantárselo a buena parte del público masculino.